Demolición en Jerusalén Este deja 69 desplazados, récord registrado por la ONU

Imagen: infobae
Una demolición israelí en Jerusalén Este dejó 69 desplazados, la cifra más alta registrada por la ONU en una sola operación desde 2009. Más de la mitad son niños y las familias denunciaron que no pudieron rescatar sus pertenencias antes de quedar bajo los escombros.
La demolición de edificios residenciales en la zona de At Tur, en Jerusalén Este, dejó este martes 69 palestinos desplazados, más de la mitad de ellos niños, en lo que Naciones Unidas calificó como la mayor cifra registrada en una sola demolición en esa zona desde que comenzó a llevar conteos en 2009. El caso no solo agrava la ya frágil situación humanitaria de las familias afectadas, sino que reabre el debate sobre el uso de las demoliciones como herramienta de control territorial en un conflicto que sigue expulsando a comunidades enteras de sus hogares.
Según informó el portavoz del secretario general de la ONU, Stéphane Dujarric, las autoridades israelíes derribaron varios edificios residenciales y además impidieron que los ocupantes recuperaran sus pertenencias antes de que quedaran sepultadas entre los escombros. La organización dijo que sus equipos y socios acudieron al área para evaluar las necesidades urgentes de los desplazados y coordinar asistencia básica, entre ella apoyo para el pago de alquiler, artículos esenciales y otras formas de ayuda inmediata para familias que, de un momento a otro, quedaron sin vivienda.
El episodio ocurre en un contexto más amplio de demolición sostenida en Cisjordania y Jerusalén Este. De acuerdo con cifras citadas por la ONU, en lo que va de año las autoridades israelíes han demolido o forzado a demoler más de 1.800 viviendas palestinas en toda Cisjordania, una estadística que refleja la presión constante sobre la población palestina y el deterioro de sus condiciones de vida. Para las familias desplazadas, el problema no termina con perder una casa: también desaparecen documentos, ropa, utensilios y recuerdos, lo que complica cualquier intento de reorganizarse con rapidez.
Más allá del impacto inmediato, lo ocurrido en At Tur ilustra una dinámica que sigue alimentando tensión en Jerusalén Este, un territorio ocupado cuya situación legal y política es uno de los núcleos más sensibles del conflicto israelo-palestino. Cada demolición masiva se traduce en más hacinamiento, más dependencia de la ayuda humanitaria y más incertidumbre para menores de edad que crecen entre desalojos, trámites y promesas de asistencia. Para la comunidad internacional, la pregunta vuelve a ser la misma: hasta qué punto estas operaciones están profundizando una crisis humanitaria que, en la práctica, deja a cientos de familias sin margen de defensa.




