Los partidos árabes podrían decidir el futuro político de Netanyahu en Israel
Imagen: infobae
La elección israelí del 27 de octubre se encamina a un empate tan estrecho que los partidos árabes-israelíes podrían terminar inclinando la balanza. Sin su voto, advierten los sondeos, la oposición no tendría cómo construir una mayoría para desplazar a Benjamin Netanyahu.
Israel llega a las elecciones del 27 con un escenario de máxima fragilidad política: si las encuestas no fallan y el resultado termina en un virtual empate, los partidos árabes-israelíes podrían convertirse en el factor decisivo para definir si Benjamin Netanyahu sigue al frente del poder o si la oposición consigue, por fin, armar una mayoría alternativa. La clave no está solo en quién gane más escaños, sino en quién logre sumar los apoyos necesarios para gobernar.
De acuerdo con el panorama descrito por Infobae, la aritmética parlamentaria vuelve a ser el corazón de la disputa. En Israel, donde ningún partido suele alcanzar por sí solo una mayoría cómoda, los bloques minoritarios adquieren un peso desproporcionado cuando el resultado es ajustado. Si la competencia termina, como sugieren los sondeos, en un empate técnico, la posibilidad de formar un gobierno sin contar con las fuerzas árabes se reduce drásticamente, porque sus bancas podrían ser justamente las que inclinen la balanza en la Knéset.
Ese escenario revela algo más profundo que una simple carrera electoral: la persistencia de una crisis de gobernabilidad que Israel arrastra desde hace años y que ha convertido cada elección en un plebiscito sobre la continuidad de Netanyahu. El primer ministro, uno de los líderes más longevos y polarizantes de la política israelí, ha sobrevivido a sucesivas rondas electorales gracias a alianzas frágiles, negociaciones de último minuto y una oposición incapaz de consolidar un bloque estable. Por eso, el papel de los partidos árabes no solo es numérico; también es político y simbólico, porque obliga a la oposición a decidir si está dispuesta a apoyarse en sectores que históricamente ha dejado al margen de sus coaliciones.
En términos prácticos, lo que ocurra con esas listas minoritarias puede determinar si Israel entra en otra etapa de bloqueo o si, por fin, emerge un gobierno capaz de reemplazar a Netanyahu. Para los ciudadanos, el efecto no es abstracto: cada ciclo de parálisis prolonga la incertidumbre sobre presupuesto, reformas, seguridad y la relación entre las distintas comunidades del país. Y esa es precisamente la paradoja de esta elección: en una contienda que parece decidirse por décimas, el futuro político de Israel podría terminar dependiendo de los márgenes que el sistema suele relegar.




