Cepeda pone derechos humanos y paz en el centro de su apuesta para 2026

Imagen: infobae colombia
Iván Cepeda busca capitalizar la agenda de la izquierda con una campaña centrada en derechos humanos, paz y justicia social. Su apuesta es prolongar los acuerdos de paz, combatir la corrupción y ampliar la inclusión de víctimas y sectores vulnerables.
Iván Cepeda está llevando la conversación electoral de 2026 a un terreno que conoce bien: el de los derechos humanos, la paz y la justicia social. De acuerdo con la información difundida por Infobae Colombia, el candidato de la izquierda está concentrando su propuesta en la defensa de las víctimas del conflicto armado, la continuidad de los acuerdos de paz y una agenda de inclusión social pensada para los sectores que históricamente han quedado por fuera del reparto del poder y del desarrollo. En un escenario político cada vez más polarizado, esa definición no es menor: Cepeda no está intentando competir por el centro con promesas abstractas, sino reforzando una identidad programática clara, ligada a causas que han marcado toda su trayectoria pública.
La estrategia también incluye dos banderas que suelen tener eco transversal en la opinión pública: el combate a la corrupción y la ampliación de garantías sociales. Según lo reportado por Infobae Colombia, Cepeda insiste en que una eventual agenda de gobierno debe sostener el espíritu de los acuerdos de paz y profundizar en mecanismos que protejan a las poblaciones más golpeadas por la violencia y la desigualdad. En la práctica, eso significa hablarles a comunidades rurales, víctimas, organizaciones sociales y sectores urbanos que todavía sienten que el Estado les llega tarde o de forma incompleta. Su planteamiento busca conectar la seguridad con la reconciliación, y la política social con la reparación, una fórmula que en Colombia ha tenido respaldo en ciertos segmentos, pero también fuertes resistencias en los sectores que critican cualquier ampliación del acuerdo con las antiguas guerrillas.
Lo que está en juego aquí no es solo una candidatura, sino una disputa por el sentido de la próxima etapa política del país. Cepeda representa una visión que entiende la paz no como un cierre del conflicto, sino como una política pública de largo plazo; no como una concesión, sino como una condición para democratizar la vida social. En un país atravesado por la desigualdad, la desconfianza institucional y el cansancio frente a la corrupción, ese discurso puede resultar potente, sobre todo entre quienes ven que la violencia muta, pero no desaparece. Sin embargo, también enfrenta el desafío de traducir principios en gobernabilidad: una cosa es sostener un programa de garantías, otra muy distinta es hacerlo viable en un Congreso fragmentado, con oposición fuerte y con territorios donde la presencia estatal sigue siendo débil.
Por eso la campaña de Cepeda importa más allá de la figura del propio dirigente. Su plataforma pone sobre la mesa una pregunta de fondo para Colombia: si el país seguirá administrando el conflicto con parches o si intentará cerrar brechas estructurales que alimentan la exclusión. En tiempos en que muchos candidatos se mueven entre el populismo de derecha, el miedo y la promesa de mano dura, Cepeda apuesta por una narrativa distinta: la de una democracia que debe repararse a sí misma desde las víctimas, la justicia social y la paz. Esa diferencia, para bien o para mal, será una de las claves del pulso presidencial de 2026.


