Cepeda suaviza su programa y borra la mención constituyente para buscar el centro
Imagen: El Tiempo - Política
Iván Cepeda reajustó su plan de gobierno y eliminó la palabra constituyente, que aparecía 23 veces. El giro, según analistas, busca tender puentes hacia el centro en una campaña donde cada matiz pesa.
Iván Cepeda decidió mover una pieza sensible de su andamiaje político: su plan de gobierno fue corregido y la expresión poder constituyente desapareció del texto, donde antes aparecía 23 veces. El ajuste no es menor. En una contienda marcada por la pelea por el voto moderado, el cambio sugiere que el senador y precandidato está tratando de reducir los costos de una etiqueta que, en el debate colombiano, suele despertar sospechas sobre eventuales rupturas institucionales.
De acuerdo con la revisión publicada por El Tiempo - Política, el documento no solo dejó atrás esa insistencia terminológica, sino que también modificó la manera de hablar sobre la paz, uno de los ejes históricos de Cepeda y del bloque político que representa. La lectura que hacen varios analistas es clara: el equipo del dirigente habría optado por un lenguaje menos confrontacional y más amplio, con la mira puesta en sectores que no se sienten cómodos con apuestas asociadas a transformaciones de gran calado constitucional. En política, las palabras no son cosméticas; son señales. Y en este caso la señal apunta a moderación.
El cambio tiene lógica en el tablero actual. En Colombia, cualquier referencia a una asamblea constituyente o a un poder constituyente activa de inmediato alarmas en una parte importante del electorado, especialmente entre quienes temen que una eventual reforma de ese tipo termine abriendo la puerta a una reescritura de las reglas de juego. Cepeda, que durante años ha sido una voz visible de la izquierda y del debate sobre la implementación de la paz, parece entender que una candidatura presidencial no se construye solo con convicciones ideológicas, sino también con capacidad de ampliar coaliciones. Por eso el giro puede leerse menos como una renuncia programática que como un cálculo electoral: bajar el volumen a los símbolos más polémicos para no quedar encerrado en su base tradicional.
Este movimiento también revela algo más profundo sobre el momento político del país. La izquierda colombiana sigue enfrentando el mismo dilema de fondo: cómo mantener coherencia doctrinaria sin espantar al votante de centro, que en últimas suele definir segundas vueltas y alianzas decisivas. En ese contexto, la eliminación de una palabra y la revisión de los términos sobre la paz no son un simple ajuste editorial, sino una admisión de que la disputa presidencial se libra tanto en el contenido como en el tono. Si Cepeda logra persuadir a sectores moderados de que su propuesta no implica un salto al vacío, habrá dado un paso estratégico. Si no, el cambio quedará como una muestra más de que, en campaña, hasta el lenguaje debe someterse a la aritmética electoral.
