Jaime Andrés Uribe, el perfil que el Gobierno quiere al frente del ‘Fondo Milagro’
Imagen: El Tiempo - Política
Jaime Andrés Uribe sería llamado a liderar el ‘Fondo Milagro’, la apuesta del Gobierno para encaminar la reconstrucción en las zonas golpeadas por el terremoto. Rodrigo Lara sostuvo que su experiencia gerencial será clave para responder a la emergencia con rapidez y orden.
El Gobierno prepara el relevo en la conducción del llamado ‘Fondo Milagro’ y mira hacia Jaime Andrés Uribe como la figura encargada de poner en marcha la reconstrucción en los departamentos afectados por el terremoto. La decisión, confirmada en esencia por el ministro del Interior, Rodrigo Lara, a EL TIEMPO, busca darle músculo técnico a una emergencia que no solo exige recursos, sino capacidad de ejecución, control y velocidad en un momento en el que cada demora se traduce en más hogares destruidos y más presión sobre los gobiernos locales.
Lara defendió la eventual llegada de Uribe al frente del fondo destacando sus más de 25 años de experiencia en gestión gerencial, un perfil que el Ejecutivo considera útil para coordinar una respuesta que va mucho más allá de repartir ayudas inmediatas. En una tragedia de esta magnitud, el reto no es únicamente atender la primera ola de necesidades humanitarias; también implica ordenar la contratación, priorizar obras, destrabar trámites y evitar que la reconstrucción se convierta en un laberinto burocrático. En ese terreno, la hoja de vida del eventual directivo se vuelve parte central del mensaje político del Gobierno: la emergencia debe tratarse como una operación de Estado y no como una suma de improvisaciones.
La apuesta por un perfil gerencial también revela el tamaño del desafío. Los fondos creados para atender catástrofes suelen quedar atrapados entre la urgencia y la vigilancia: si actúan muy despacio, la ciudadanía los percibe como ineficaces; si se mueven sin suficientes controles, quedan expuestos a cuestionamientos por opacidad o mala ejecución. Por eso la eventual designación de Uribe no es un simple nombramiento administrativo. Es una señal de cómo el Gobierno pretende administrar la reconstrucción en territorios que quedarán marcados durante años por la pérdida de viviendas, infraestructura y actividad económica. Para las comunidades afectadas, lo que está en juego es si la respuesta institucional logra traducirse en techos, vías, servicios y empleo, o si el terremoto termina profundizando la precariedad que ya golpea a buena parte de esas regiones.
En ese contexto, el ‘Fondo Milagro’ se convierte en una prueba política para el Ejecutivo. Si logra mostrar resultados rápidos y transparentes, podrá presentar la reconstrucción como un caso de gestión eficaz en medio del desastre. Si falla, la crítica no recaerá solo sobre un funcionario o una oficina, sino sobre la capacidad del Estado para responder cuando el país más lo necesita. El nombre que llegue a dirigir ese proceso, entonces, no será un detalle menor: definirá buena parte de la confianza pública en la recuperación de los departamentos afectados.



