Bonilla niega filtraciones contra Marina del Pilar y acusa a la gobernadora de vivir en “pánico”

Imagen: infobae
Jaime Bonilla negó haber participado en filtraciones, entrevistas o maniobras externas ligadas a Marina del Pilar Ávila y atribuyó las versiones a una reacción de “pánico” de la gobernadora. El choque reabre la disputa política entre ambos y exhibe la fragilidad del ambiente en Baja California.
Jaime Bonilla, exgobernador de Baja California, salió al paso de las versiones que lo vinculan con supuestas filtraciones relacionadas con Marina del Pilar Ávila y negó de manera tajante haber participado en entrevistas, asesorías externas o maniobras de grabación. En su mensaje, el también exmandatario sostuvo que la gobernadora estaría actuando bajo un estado de “pánico”, una acusación que eleva el tono de una confrontación política que lejos de apagarse sigue encontrando combustible en declaraciones cruzadas y sospechas públicas.
De acuerdo con lo que informó infobae, Bonilla rechazó cualquier participación en operaciones fuera de los cauces institucionales y trató de desmarcarse de las versiones que lo colocan como actor detrás de filtraciones o movimientos para presionar políticamente a la actual administración estatal. El exgobernador buscó cerrar la puerta a cualquier lectura de complicidad o de intervención en una trama de grabaciones, aunque el solo hecho de que tenga que responder a este tipo de señalamientos confirma que la relación entre ambos grupos políticos permanece en un terreno de desconfianza y disputa abierta.
El episodio importa porque Baja California no es un estado cualquiera dentro del mapa político nacional: es una de las plazas más visibles del norte del país, con peso económico, fronterizo y simbólico. Cuando un exgobernador y la mandataria en funciones se enfrascan en acusaciones de filtraciones, el costo no es solo mediático. También golpea la credibilidad de las instituciones, alimenta la percepción de que la política local se mueve más por pugnas internas que por resultados, y deja a la ciudadanía con la sensación de que el poder se usa para ajustar cuentas. En un contexto donde la seguridad, la relación con Estados Unidos y la presión económica en la frontera exigen coordinación, este tipo de roces terminan por contaminar la agenda pública.
Más allá del intercambio de declaraciones, el fondo del asunto es otro: la disputa por el control del relato político en Baja California. Bonilla intenta presentarse como alguien ajeno a cualquier operación clandestina, mientras Marina del Pilar Ávila enfrenta el efecto de quedar expuesta en un episodio que, por ahora, se alimenta más de versiones y desmentidos que de pruebas concluyentes. Si la polémica escala, podría abrir un nuevo frente de desgaste para ambos bandos y confirmar que, en la política bajacaliforniana, la batalla por el poder sigue librándose tanto en las urnas como en los expedientes, los micrófonos y los pasillos del rumor.


