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Muere Jaume Aràjol, el periodista que hizo clara la jerga tecnológica

Hace 2 horas
Muere Jaume Aràjol, el periodista que hizo clara la jerga tecnológica

Imagen: El País

Jaume Aràjol, reportero de EL PAÍS, murió el lunes en Guardiola de Berguedà dejando una huella poco común: explicar la jerga tecnológica con claridad y sin rodeos. Su oficio combinó rapidez, precisión y una voz directa que hizo legibles asuntos complejos.

La muerte de Jaume Aràjol, reportero de EL PAÍS, cierra la trayectoria de un periodista que entendió antes que muchos que el gran reto de la información tecnológica no era acumular términos, sino traducirlos. Fallecido el lunes en Guardiola de Berguedà, Aràjol se ganó un lugar singular en la redacción por una virtud cada vez más escasa: convertir un lenguaje técnico, a menudo opaco y burocrático, en una explicación clara, útil y comprensible para cualquier lector. En un ecosistema informativo saturado de siglas, jerga y promesas grandilocuentes sobre innovación, su trabajo recordaba que el periodismo de servicio empieza por hacer entendible lo que afecta la vida cotidiana de la gente.

Quienes trabajaron con él destacaban su rapidez para llegar al dato, su estilo directo y una manera de escribir sin rodeos, pero también sin simplificaciones tramposas. No se limitaba a repetir el relato de las empresas tecnológicas ni a reproducir el entusiasmo oficial de la modernización; iba al centro de lo que importaba: qué significaba una decisión tecnológica, quién ganaba, quién perdía y cómo podía traducirse ese avance —o ese fracaso— en consecuencias concretas para ciudadanos, consumidores, trabajadores o administraciones públicas. Esa mirada le dio una utilidad especial en una época en la que la tecnología dejó de ser un asunto de especialistas para convertirse en un campo de poder que atraviesa economía, política, empleo y derechos.

Su legado importa precisamente porque el periodismo tecnológico sigue siendo uno de los grandes filtros de calidad en la conversación pública. Hoy, tanto en España como en América Latina y Estados Unidos, la ciudadanía recibe información sobre inteligencia artificial, plataformas digitales, ciberseguridad, datos personales o automatización en medio de un ruido creciente y de intereses corporativos muy poderosos. Ahí el trabajo de reporteros como Aràjol resulta decisivo: poner orden, separar el dato de la propaganda y explicar con lenguaje llano asuntos que pueden parecer lejanos, pero que terminan afectando desde la privacidad de un usuario hasta la competitividad de una empresa o la capacidad de un Estado para regular. Su carrera deja una lección incómoda pero necesaria para el oficio: el buen periodismo no se mide por cuánto sabe aparentar, sino por cuánto logra que el lector entienda.

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