Fourquet ve en Francia el final de un reinado político y social

Imagen: El País
Francia atraviesa un momento de desgaste político y social que, según Jérôme Fourquet, ya no puede ocultarse con soluciones de corto plazo. El sociólogo ve un país sin liderazgo claro, atrapado entre el malestar ciudadano y una deuda pública que limita cualquier margen de maniobra.
Francia vive, según el sociólogo y ensayista Jérôme Fourquet, el agotamiento de una etapa política que durante años sostuvo la ilusión de control. Su diagnóstico es duro: hay un vacío de poder incapaz de responder al malestar extendido en la sociedad, mientras la carga de la deuda pública agrava un clima de incertidumbre que ya se siente en la vida cotidiana y en la confianza de los ciudadanos.
Fourquet, citado por El País, plantea que el problema no se reduce a una mala racha de gobierno ni a una crisis pasajera de popularidad. Lo que describe es una forma de desgaste estructural: instituciones que pierden capacidad de arbitraje, una ciudadanía cada vez más desconfiada y un país que, pese a su peso económico y simbólico en Europa, no encuentra una narrativa convincente para salir del bloqueo. En ese contexto, la discusión sobre el poder en Francia deja de ser solo una disputa entre partidos y se convierte en una pregunta más profunda sobre quién puede todavía ordenar el país.
El señalamiento es relevante porque Francia no es un caso aislado, sino uno de los termómetros políticos de Europa. Cuando el malestar social se cruza con la presión fiscal, la deuda y la sensación de que nadie gobierna del todo, el resultado suele ser una mayor fragmentación política, más protesta en la calle y menos margen para reformas impopulares pero necesarias. El análisis de Fourquet ayuda a entender por qué el descontento francés no se explica únicamente por coyunturas como las pensiones, la inflación o la inseguridad: detrás hay una crisis de legitimidad más amplia, alimentada por la idea de que el sistema ya no responde.
Ese es, en el fondo, el punto que más preocupa. Si la política francesa no logra reconstruir autoridad y credibilidad, el país puede entrar en una fase de parálisis larga, con gobiernos débiles y una sociedad cada vez más inclinada a buscar salidas fuera de los canales tradicionales. En Europa, eso no sería solo un problema francés: sería una señal de alerta sobre el estado de sus democracias centrales.


