Colombia

Jorge Barón reaparece en la campaña de Abelardo de la Espriella con su sello de buena suerte

Hace 1 día

Jorge Barón volvió a entregarle a Abelardo de la Espriella la tradicional “patadita de la buena suerte”, esta vez con un mensaje político directo: “para que sea presidente”. El gesto, que el abogado y aspirante agradeció públicamente, reaviva la mezcla entre espectáculo, nostalgia televisiva y campaña electoral.

Abelardo de la Espriella volvió a sumar un guiño de alto voltaje simbólico a su precampaña presidencial: Jorge Barón, uno de los rostros más reconocibles de la televisión colombiana, le dio nuevamente la tradicional “patadita de la buena suerte”, esta vez con una frase que deja clara la intención política del gesto: que el abogado llegue a la Casa de Nariño. Según informó infobae colombia, el candidato agradeció públicamente la muestra de respaldo del veterano presentador, en una escena que mezcla farándula, memoria popular y aspiración de poder.

El detalle no es menor. Barón no solo es una figura histórica del entretenimiento colombiano, sino también un personaje asociado durante décadas con el lenguaje de la cercanía masiva, ese que conecta con públicos de varias generaciones. Que él vuelva a aparecer en el entorno de De la Espriella no es una simple anécdota: es un intento de blindar la candidatura con una cuota de legitimidad emocional, de esas que no se miden en encuestas, pero sí en reconocimiento. La relación entre ambos ya tenía un antecedente llamativo, pues el presentador le había dado ese mismo gesto cuando el aspirante lanzó su primer disco, un episodio que ahora regresa como parte de una narrativa más amplia sobre su exposición pública.

En campaña, los símbolos cuentan tanto como los programas. Y en el caso de De la Espriella, acostumbrado a moverse entre el estrado, el espectáculo mediático y la confrontación política, esta clase de escenas ayudan a construir una marca personal que busca sobresalir en un escenario cada vez más fragmentado. Colombia ha visto cómo las campañas presidenciales se alimentan no solo de debates y alianzas partidistas, sino también de gestos virales, respaldos emotivos y fotografías capaces de circular más rápido que cualquier propuesta de gobierno. Por eso importa este episodio: porque muestra cómo el candidato intenta ampliar su alcance más allá del electorado tradicional y entrar en el terreno donde la simpatía, la recordación y la puesta en escena pesan casi tanto como la ideología.

La lectura de fondo es clara: en una coyuntura política donde los aspirantes compiten por atención antes que por votos, la bendición simbólica de un personaje como Jorge Barón puede servir como acelerador de visibilidad. No garantiza respaldo electoral, pero sí ayuda a instalar una idea poderosa: la de un candidato acompañado por una figura querida, conocida y asociada con suerte. En campañas cada vez más mediáticas, ese tipo de escenas no son accesorias; son parte del relato con el que se intenta convencer a un país que ya no solo escucha propuestas, sino que también observa cuidadosamente quién entra, quién sale y quién recibe una palmadita —o una patada— de buena fortuna.

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