Lafaurie atribuye choque con ministro de Agricultura a un problema personal
Imagen: El Tiempo - Política
José Félix Lafaurie bajó el tono del pulso con el ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, y negó que el roce refleje una ruptura con el Gobierno. El dirigente de Fedegán insistió en que el problema es personal del ministro y no una señal política desde la Casa de Nariño.
José Félix Lafaurie intentó cerrar la puerta a una lectura política del enfrentamiento que mantiene con el ministro de Agricultura, Indalecio Dangond. El presidente de Fedegán sostuvo que los malos tratos que dice haber recibido responden a una relación personal tensa con el funcionario y no a un viraje del Gobierno frente al gremio ganadero.
Según informó El Tiempo - Política, Lafaurie dejó claro que no interpreta ese choque como una señal de distancia entre la administración nacional y el sector ganadero. Su mensaje apunta a separar el conflicto interpersonal de cualquier lectura institucional, en un momento en el que el Ministerio de Agricultura mantiene sobre la mesa asuntos sensibles para el campo, desde la política de tierras hasta la discusión sobre productividad, seguridad rural y ejecución de compromisos con los gremios.
La aclaración no es menor. En Colombia, cada roce entre el Ejecutivo y los grandes gremios del sector agropecuario suele leerse como termómetro del clima político en el campo, especialmente cuando hay debates sobre reforma agraria, distribución de tierras y relación con productores medianos y grandes. Fedegán ha sido un actor clave en esa conversación, y cualquier ruptura abierta con el Ministerio puede afectar la confianza en mesas de trabajo, acuerdos técnicos y, al final, la implementación de políticas que impactan a ganaderos y campesinos por igual.
Por ahora, Lafaurie busca contener el daño y evitar que una disputa personal escale a un conflicto político mayor. Pero el episodio deja una señal incómoda: en el sector agro, las formas importan tanto como el fondo, y un mal trato entre protagonistas con poder puede contaminar negociaciones que, en teoría, deberían enfocarse en resolver problemas estructurales del campo colombiano.


