Balcázar deja en manos del nuevo gobierno el posible indulto a Pedro Castillo

Imagen: infobae
José María Balcázar dejó el poder sin conceder el indulto a Pedro Castillo y trasladó el tema al nuevo gobierno. La decisión mantiene abierta una discusión política y judicial que seguirá presionando al Ejecutivo en Perú.
José María Balcázar salió del cargo sin firmar el indulto para Pedro Castillo y dejó la definición en manos del nuevo gobierno. Tras entregar la banda presidencial al Congreso, el exmandatario fue consultado por el caso del expresidente y evitó comprometer una decisión final, al señalar que será la administración entrante la que deba revisar los pendientes heredados.
La respuesta de Balcázar no es menor. En un país donde la figura de Castillo sigue siendo un punto de quiebre entre quienes lo ven como víctima de una destitución acelerada y quienes lo responsabilizan por la crisis institucional, cualquier gesto sobre un eventual indulto tiene un peso político enorme. Según informó infobae, Balcázar se limitó a trasladar el asunto al próximo gobierno, sin abrir la puerta a una medida de gracia en el tramo final de su mandato.
El episodio refleja, además, cómo el caso Castillo continúa atrapado entre la justicia y la disputa política. El indulto no es solo una decisión jurídica: en Perú también funciona como una señal de poder, de alineamientos y de lectura sobre el momento institucional del país. Por eso, al dejar el tema en manos del sucesor, Balcázar evita cargar con el costo de una decisión que podría tensar aún más el escenario interno y reactivar fracturas que siguen presentes en buena parte del debate público.
Para la ciudadanía, lo que está en juego va más allá del nombre de Castillo. Este tipo de definiciones marca el tono del gobierno que llega: si priorizará la estabilidad y el cierre de heridas o si optará por revisar casos emblemáticos que aún dividen al país. En un contexto de desconfianza hacia las instituciones, cualquier decisión sobre el expresidente puede ser leída como una señal de impunidad o, en el extremo contrario, como una muestra de dureza política. Y esa es precisamente la carga que Balcázar decidió no asumir antes de irse.




