José Olger Melo escapó de las disidencias y llegó herido a una estación de Policía en Nariño

Imagen: infobae colombia
José Olger Melo, colombiano integrante de la Legión Extranjera, logró escapar de las disidencias de las Farc y apareció en una subestación de Policía en Policarpa, Nariño, tras cuatro días de huida. Ahora está bajo observación médica en Pasto mientras se esclarece qué pasó con su retención.
La aparición de José Olger Melo en una subestación de Policía de Policarpa, Nariño, pone sobre la mesa un episodio que mezcla guerra, supervivencia y la persistente presión armada en el suroccidente colombiano. El hombre, identificado como miembro de la Legión Extranjera, logró escapar de las disidencias de las Farc después de pasar cuatro días huyendo por una zona marcada por la presencia de actores ilegales, y llegó por sus propios medios a pedir ayuda a las autoridades.
Según informó infobae colombia, Melo fue trasladado posteriormente a Pasto, donde permanece bajo observación médica mientras avanzan las investigaciones sobre las circunstancias de su caso. Por ahora, las autoridades no han detallado con precisión cómo ocurrió su retención ni en qué condiciones logró salir del control de ese grupo armado, pero el hecho de que haya conseguido llegar vivo a una estación de Policía deja en evidencia el nivel de riesgo que sigue teniendo la movilidad en áreas rurales de Nariño. En una región donde las rutas veredales, los corredores hacia la frontera y los territorios de influencia criminal se cruzan con frecuencia, cuatro días de fuga no son una anécdota: son una carrera por la vida.
Este episodio importa por varias razones. Primero, porque confirma que las disidencias mantienen capacidad de intimidación y control territorial en Nariño, pese a las operaciones de Fuerza Pública y los anuncios recurrentes de contención. Segundo, porque el caso de Melo abre preguntas sobre las circunstancias en las que ciudadanos o personas vinculadas a actividades militares terminan en manos de estructuras armadas ilegales, un fenómeno que suele quedar opacado por cifras generales de violencia. Y tercero, porque el traslado a un centro médico en Pasto sugiere que su estado físico requería atención, lo que podría aportar elementos clave a la investigación. En regiones como esta, cada testimonio es valioso no solo para reconstruir un hecho aislado, sino para entender cómo operan hoy las economías ilegales, la coerción armada y el miedo cotidiano en el sur del país.
Lo que ocurra con la investigación será determinante para saber si se trató de una retención con fines de presión, de una captura por parte de un grupo armado o de otro episodio dentro del complejo mapa de violencia que atraviesa Nariño. Mientras tanto, el caso recuerda una verdad incómoda: en amplias zonas rurales de Colombia, escapar no siempre depende de la distancia recorrida, sino de la posibilidad de encontrar una autoridad antes de volver a caer en manos de quienes controlan el territorio.




