Mamdani bajo presión por firmas que buscan excluirlo del homenaje del 11-S

Imagen: clarin colombia
La polémica rodea a Zohran Mamdani por su posible presencia en el acto del 25 aniversario del 11 de septiembre en Nueva York. Más de 35.000 firmas piden que no asista, mientras familiares de víctimas cuestionan su postura frente a las ideologías ligadas al atentado.
La controversia en torno a Zohran Mamdani escaló en Nueva York después de que familiares de víctimas del atentado del 11 de septiembre reunieran unas 35.000 firmas para pedir que el alcalde no asista al acto conmemorativo por el 25 aniversario de la tragedia. El reclamo, según informó Clarín Colombia, se apoya en la idea de que el dirigente no ha dejado ver con suficiente claridad un rechazo a las ideologías que alimentaron aquella violencia, una acusación políticamente sensible en una ciudad donde el 11-S sigue siendo una herida abierta.
De acuerdo con la información divulgada, los familiares sostienen que la presencia de Mamdani en el memorial enviaría un mensaje equivocado en una fecha cargada de simbolismo para miles de neoyorquinos. El debate no gira solo en torno a un acto ceremonial: expone las tensiones entre memoria, representación política y exigencia moral hacia quienes ocupan cargos públicos en una de las ciudades más afectadas por el ataque terrorista de 2001. Pese a la presión, el propio Mamdani ya adelantó que tiene intención de asistir el próximo 11 de septiembre al Memorial, lo que sugiere que no piensa ceder ante la campaña en su contra.
El episodio revela hasta qué punto el 11-S sigue operando como un punto de quiebre en la política estadounidense, incluso dos décadas y media después. En Nueva York, donde la conmemoración no solo recuerda a las casi 3.000 víctimas sino también a los equipos de rescate, a las familias y a los sobrevivientes, cada gesto público se interpreta como una declaración de principios. Por eso la discusión trasciende a Mamdani: pone sobre la mesa el costo político de no marcar distancia absoluta frente a cualquier lectura ambigua sobre el extremismo y el terrorismo. Y también demuestra que, en una época de polarización, la memoria histórica puede convertirse en arma de disputa partidista.
Más allá de si finalmente asiste o no al acto, el caso refleja una verdad incómoda: en Estados Unidos, el pasado no está cerrado cuando se trata del 11 de septiembre. Cada aniversario vuelve a medir la relación entre poder, duelo y responsabilidad pública. Para la comunidad afectada, no se trata solo de una ceremonia, sino de quién merece estar allí y bajo qué postura moral frente a una de las tragedias más devastadoras en la historia reciente del país.


