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Keiko Fujimori asume en Perú y promete enfrentar un Estado golpeado por la corrupción

Hace 5 horas

Keiko Fujimori asumió la presidencia de Perú con un mensaje de ruptura frente a un Estado golpeado por la corrupción. Su llegada al poder hasta 2031 reordena el tablero político peruano y reactiva viejos debates sobre el fujimorismo.

Keiko Fujimori juró como presidenta de Perú y tomó las riendas de un país que, según advirtió en su primer mensaje ante el Congreso, recibe con instituciones debilitadas por la corrupción y con una ciudadanía cansada de que el Estado no responda a sus necesidades. Su llegada al poder marca un nuevo capítulo para el fujimorismo, una corriente política que vuelve al centro de la escena con fuerza y que gobernará hasta 2031 en medio de una expectativa alta y de una desconfianza todavía más alta.

La nueva mandataria, hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori, entró al hemiciclo entre aplausos, vítores y una muestra evidente de respaldo por parte de sus parlamentarios e invitados. En sus primeras palabras, puso el foco en el deterioro institucional y en el impacto que la corrupción ha tenido sobre el funcionamiento del Estado. Ese mensaje no fue casual: buscó presentarla como una dirigente que llega a corregir el desorden heredado, aunque su apellido arrastra una historia política que divide profundamente a la sociedad peruana.

El dato central no es solo el cambio de mando, sino el momento en que ocurre. Perú llega a esta nueva etapa después de años de inestabilidad, desgaste institucional y una relación fracturada entre la clase política y la ciudadanía. La juramentación de Fujimori reabre preguntas que exceden el acto protocolario: si logrará reconstruir la confianza pública, si podrá gobernar con un Congreso fragmentado y si su promesa de enfrentar la corrupción se traducirá en reformas reales o quedará en el terreno de la retórica. En un país donde la crisis política ha sido casi una constante, el desafío no es solamente administrar el poder, sino demostrar que el Estado puede volver a servir a la gente.

Para la región, lo que ocurra en Perú también importa. Un gobierno encabezado por Keiko Fujimori no solo revive el peso de una saga familiar que marcó la política sudamericana durante décadas; también puede redefinir alianzas, tensar debates sobre autoritarismo y democracia, y influir en la forma en que otros liderazgos de derecha intentan capitalizar el hartazgo ciudadano frente a la corrupción. Para los peruanos de a pie, el juicio no estará en el acto solemne de juramentación, sino en si este nuevo ciclo consigue traer estabilidad, empleo y seguridad en un país que lleva demasiado tiempo esperando resultados.

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