OIEA alerta por riesgos nucleares en Zaporizhzhia ante el avance de la guerra
Imagen: infobae mundo
El OIEA volvió a encender las alarmas por la seguridad nuclear en Ucrania, donde la planta de Zaporizhzhia y otras instalaciones operan bajo la sombra de la guerra. Rafael Grossi advirtió que el aumento de la actividad militar cerca de estos sitios complica aún más su protección.
La seguridad nuclear en Ucrania volvió a entrar en zona de alerta. El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, advirtió que el incremento de la actividad militar en torno a la planta de Zaporizhzhia y otras instalaciones nucleares del país añade un riesgo extra a una crisis que ya lleva años tensando los límites de la supervisión internacional. En un escenario donde cualquier fallo deja de ser técnico para convertirse en una amenaza humanitaria y geopolítica, la advertencia no es menor: la guerra sigue arrinconando a uno de los puntos más sensibles de Europa.
Según informó infobae mundo, Grossi señaló que el aumento de maniobras y movimientos militares en las cercanías de estos complejos “supone un desafío adicional para los esfuerzos por mantener la seguridad nuclear en el lugar”. La frase, aunque diplomática, deja ver la gravedad del momento. Zaporizhzhia, la mayor central nuclear de Europa, ha estado en el centro de la discusión internacional desde que la invasión rusa de Ucrania convirtió su perímetro en un frente de presión permanente. El OIEA insiste en que la combinación de hostilidades, interrupciones en la cadena de suministro, limitaciones de acceso y tensiones operativas crea un entorno donde la prevención depende tanto de la ingeniería como de la contención política.
El problema de fondo es que una planta nuclear no está diseñada para resistir indefinidamente en medio de una guerra de desgaste. Cada incidente cercano, cada explosión en la zona, cada afectación a las líneas eléctricas o a las rutas de acceso eleva el costo del riesgo. Y cuando el control de seguridad se ejerce bajo amenaza militar, la margen de error se reduce al mínimo. Esto importa más allá de Ucrania porque pone a prueba el sistema internacional que busca evitar que una crisis bélica derive en un accidente nuclear con efectos transfronterizos. Europa conoce demasiado bien, por Chernóbil, que un problema en territorio ucraniano puede transformar el mapa político y sanitario del continente.
La advertencia del OIEA también revela otra realidad: la guerra en Ucrania no solo se libra en trincheras y ciudades destruidas, sino también en infraestructuras críticas cuya falla tendría consecuencias mucho más allá del campo de batalla. Mientras continúe la actividad militar cerca de Zaporizhzhia y otras plantas, la comunidad internacional seguirá dependiendo de monitoreos frágiles, llamados diplomáticos y una estabilidad que hoy, claramente, no está garantizada. En una guerra donde casi todo se mide en territorio, la energía nuclear recuerda que hay líneas cuyo cruce puede costar décadas de seguridad global.



