Bello presiona a la Fiscalía para evitar la libertad de los acusados por el caso Sara Millerey

Imagen: depor
La Alcaldía de Bello rechazó la posibilidad de que salgan libres los dos procesados por el asesinato de Sara Millerey y pidió a la Fiscalía acelerar el trámite judicial. El temor del gobierno local es que la defensa invoque vencimiento de términos, más de un año después del crimen.
La Alcaldía de Bello encendió las alarmas por el proceso judicial que sigue contra los dos hombres señalados de participar en el asesinato de Sara Millerey. La administración municipal pidió a la Fiscalía actuar con mayor rapidez para evitar que la defensa recurra al vencimiento de términos, una salida procesal que podría dejar en libertad a los procesados pese a la gravedad del caso. El mensaje del municipio es claro: no puede haber dilaciones en un expediente que conmocionó a la comunidad y que, más de un año después, sigue sin una definición de fondo.
Según informó depor, la preocupación del gobierno local se centra en el tiempo transcurrido desde el crimen y en el riesgo de que los avances del proceso no alcancen para sostener la privación de la libertad de los implicados. La Alcaldía insistió en que la Fiscalía debe acelerar los trámites judiciales para que el caso avance sin más tropiezos, en un escenario donde cada aplazamiento alimenta la frustración de la familia de la víctima y de una ciudadanía que exige resultados. En la práctica, la advertencia del municipio revela una tensión frecuente en Colombia: cuando la justicia se demora, el proceso deja de ser solo una discusión jurídica y se convierte en una herida abierta para los afectados.
Este episodio también pone sobre la mesa un problema de fondo que se repite en el país: la congestión judicial y sus consecuencias en casos de alto impacto social. El vencimiento de términos no equivale a inocencia, pero sí puede terminar favoreciendo a los procesados si el Estado no logra mover el expediente con la celeridad necesaria. En un país donde las víctimas suelen enfrentarse a años de espera, aplazamientos y trámites interminables, el caso de Sara Millerey vuelve a mostrar que la justicia tardía termina debilitando la confianza pública. Y cuando eso ocurre en un crimen que generó indignación colectiva, el daño institucional es doble: se golpea a la familia y se envía un mensaje de impunidad a la sociedad.
Más allá de este expediente en particular, lo que está en juego es la capacidad del sistema para responder a tiempo cuando la presión social es alta y la expectativa de justicia también. La solicitud de la Alcaldía de Bello no solo busca impedir una eventual libertad de los procesados; también funciona como una denuncia política y administrativa sobre la lentitud con la que pueden avanzar estos casos. Para los habitantes de Bello, y para cualquier ciudadano que mira con desconfianza la justicia penal, el desenlace será una prueba de si el Estado puede proteger a las víctimas sin permitir que los vacíos procesales terminen borrando la responsabilidad de los acusados.


