Mundo

La conciliación sigue costando más a las mujeres: una brecha que el INE vuelve a mostrar

Hace 1 hora
La conciliación sigue costando más a las mujeres: una brecha que el INE vuelve a mostrar

Imagen: El País

Una de cada tres trabajadoras ha hecho cambios en su empleo para poder conciliar, frente a menos de dos de cada diez hombres, según el INE. La brecha revela que el cuidado sigue recayendo sobre todo en las mujeres y les pasa factura en salario, carrera y pensión.

La conciliación sigue teniendo un rostro mayoritariamente femenino en España. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, el 33% de las trabajadoras ha hecho algún cambio en su empleo para poder cuidar, frente al 18% de los hombres. La diferencia no es menor: en la práctica, significa que ellas asumen con mucha más frecuencia el coste laboral de sostener la vida familiar, desde reducir jornada hasta reorganizar horarios o renunciar a oportunidades profesionales.

El dato más contundente es que las decisiones que permiten compatibilizar trabajo y cuidados no se reparten de manera equitativa. Cuando una mujer ajusta su empleo para atender a hijos, mayores o dependientes, el impacto no se limita al presente: también condiciona ingresos futuros, promoción interna y cotización para la jubilación. Dicho de otra forma, la conciliación no se está resolviendo con una distribución más justa del tiempo, sino con una cesión silenciosa de carrera por parte de ellas. Ese es el punto que hace especialmente incómodo el diagnóstico del INE: la desigualdad no aparece solo en los salarios, sino en quién interrumpe su trayectoria para que el sistema siga funcionando.

Esto importa porque el problema no es exclusivamente privado ni doméstico; es estructural. España, como otros países europeos, arrastra un reparto desigual del trabajo de cuidados, una red de apoyo aún insuficiente y una cultura laboral que sigue premiando la disponibilidad total, como si cuidar fuera una excepción y no una necesidad social permanente. En ese contexto, muchas mujeres no “eligen” reducir su jornada: se ven empujadas a hacerlo porque la organización del empleo y la vida familiar sigue descansando sobre una expectativa muy vieja, la de que alguien en casa resuelva lo que el mercado ignora. Y ese alguien, casi siempre, es una mujer. La consecuencia es conocida: menos salario hoy, menos derechos mañana y una carrera profesional más corta o más lenta.

El dato del INE debería leerse, por tanto, como una alerta sobre la calidad real de la igualdad en el mercado de trabajo. No basta con que haya más mujeres ocupadas si siguen siendo ellas las que pagan la factura de la conciliación. Mientras las políticas públicas no asuman de manera seria la corresponsabilidad —con permisos mejor repartidos, servicios de cuidado accesibles y empresas que no penalicen la flexibilidad— la brecha seguirá reproduciéndose. Y cada vez que una trabajadora reduce su jornada para sostener la vida de otros, el sistema le está diciendo algo muy claro: tu tiempo vale menos que el de ellos.

Noticias relacionadas