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Barcelona reduce un 40% la contaminación en torno a las escuelas, pero sigue la alerta

Hace 2 horas
Barcelona reduce un 40% la contaminación en torno a las escuelas, pero sigue la alerta

Imagen: El País

La contaminación vinculada al tráfico en torno a las escuelas de Barcelona cayó un 40% entre 2018 y 2025, según indicadores de la Agencia de Salud Pública. Pese al avance, el organismo advierte que aún hace falta reducir el uso del coche para proteger la salud infantil.

La calidad del aire en los entornos escolares de Barcelona ha dado un giro relevante en los últimos años: entre 2018 y 2025, la contaminación asociada al tráfico en torno a las escuelas se ha reducido un 40%, según los indicadores difundidos por la Agencia de Salud Pública de Barcelona. El dato confirma que las políticas de movilidad y pacificación del entorno escolar empiezan a tener efecto, especialmente en una ciudad donde el coche ha sido durante décadas uno de los principales factores de presión sobre la salud urbana.

La mejora, sin embargo, no lleva a cantar victoria. La propia Agencia de Salud Pública insiste en que el descenso no basta para dar por resuelto el problema y reclama mantener e incluso reforzar las medidas que limiten la movilidad en automóvil alrededor de los centros educativos. En la práctica, eso significa seguir apostando por menos tráfico, más espacio para caminar y pedalear, y entornos más seguros para niñas, niños y adolescentes. La lectura técnica es clara: menos coches no solo implican menos emisiones, también menos ruido, menos exposición a partículas contaminantes y un entorno más saludable para el aprendizaje y la vida cotidiana de las familias.

Este resultado importa porque el aire que respiran los menores en la entrada y salida del colegio no es un asunto menor ni abstracto. La contaminación de origen vehicular se asocia con problemas respiratorios, empeoramiento de alergias y efectos negativos en el desarrollo de la salud infantil. Barcelona, como otras grandes ciudades europeas, lleva años intentando corregir un modelo urbano dominado por el automóvil privado, y los datos de 2025 sugieren que las intervenciones funcionan cuando se aplican de forma sostenida. Pero también dejan una advertencia: si la presión del tráfico vuelve a crecer, las ganancias obtenidas pueden erosionarse rápidamente.

En el fondo, esta noticia trasciende a Barcelona y retrata un debate que atraviesa a muchas urbes españolas y latinoamericanas: cómo equilibrar movilidad, actividad económica y salud pública. La reducción del 40% demuestra que la política urbana puede cambiar el aire que respiran los más pequeños, pero también que la transformación no se consolida sola. Hace falta voluntad institucional, cambios en los hábitos de desplazamiento y una idea básica que a veces se olvida en el debate sobre tránsito y ciudad: el espacio frente a una escuela no debería ser una extensión del atasco, sino una zona de protección para quienes más lo necesitan.

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