Crisis hospitalaria en San Andrés desata choque político por pagos atrasados
Imagen: El Tiempo (Colombia)
En San Andrés, la crisis del sistema hospitalario volvió a poner en evidencia una cadena de atrasos laborales, quejas por falta de pago y señalamientos de presunta corrupción. El caso escaló al terreno político y dejó al descubierto un problema que golpea la atención en la isla.
La crisis del hospital de San Andrés ya no es solo una discusión administrativa: se convirtió en un choque político que refleja el deterioro de la salud pública en el archipiélago. En la isla, trabajadores y voces locales denuncian nóminas atrasadas, médicos sin pago y presuntas irregularidades en la gestión, un combo que pone contra las cuerdas la atención de una población que depende de pocas rutas y de un sistema ya frágil.
Según informó El Tiempo (Colombia), las denuncias surgieron desde el propio archipiélago y encendieron un enfrentamiento entre Alfredo De La Espriella, la gobernadora y una representante a la Cámara, en medio de señalamientos cruzados sobre responsabilidades y manejo de los recursos. Más allá del intercambio político, lo que está sobre la mesa es un hecho concreto: personal de salud que trabaja con pagos pendientes y una comunidad que teme que la crisis administrativa termine traduciéndose en menos capacidad de atención, más demoras y mayor riesgo para pacientes que ya enfrentan barreras geográficas para acceder a servicios especializados.
El caso importa porque San Andrés no tiene margen para sostener una red hospitalaria debilitada. En un territorio insular, cualquier retraso en pagos, cualquier salida de personal o cualquier sospecha de corrupción tiene efectos más severos que en el continente: se reduce la confianza de los trabajadores, se deteriora la continuidad del servicio y se agrava la dependencia de remisiones costosas o tardías. Además, cuando una crisis sanitaria se mezcla con una pelea política, suele crecer el ruido y disminuir la claridad sobre quién responde, qué se está auditando y cuándo habrá soluciones reales.
Por ahora, el episodio deja una señal inquietante: la salud en San Andrés parece haberse convertido en un campo de disputa institucional mientras en la isla siguen esperando respuestas concretas. Si las denuncias sobre atrasos y presunta corrupción no se aclaran con rapidez, el costo no lo pagarán los políticos enfrentados sino los pacientes, los médicos y una población que ya carga con las limitaciones de vivir lejos de los grandes centros hospitalarios del país.




