Colombia

La crisis de la yuca en Barranquilla expone fallas profundas en el campo colombiano

Hace 2 horas

La escasez de yuca está presionando los precios y sacudiendo a Barranquilla, donde el ingrediente es clave para una cadena de alimentos populares y de consumo diario. Expertos señalan que el problema revela fallas estructurales en producción, logística y comercialización.

La escasez de yuca ya no es solo una molestia en las plazas de mercado de Barranquilla: está empezando a golpear la economía cotidiana de una ciudad donde este tubérculo es base de alimentos tradicionales y fuente de ingreso para pequeños fabricantes. El desabastecimiento ha encendido las alarmas en el Caribe colombiano porque afecta tanto al consumidor final como a los productores de bollos, uno de los oficios más arraigados de la región, que hoy enfrentan más costos y menos disponibilidad de materia prima.

De acuerdo con lo que reportó El Tiempo (Colombia), detrás de esta crisis hay una combinación de problemas conocidos pero nunca resueltos del todo: baja tecnificación del cultivo, demasiados intermediarios en la cadena y costos logísticos que encarecen el traslado desde las zonas productoras hasta los centros urbanos. En la práctica, eso significa que una región que concentra una parte importante de la producción de yuca termina viendo el producto escasear en su propio mercado, mientras el precio sube y los márgenes se estrechan para quienes dependen de él para trabajar y vender.

El caso de Barranquilla deja ver una falla estructural del campo colombiano que se repite con otros alimentos básicos: producir no basta si no existe infraestructura, organización comercial y capacidad para mover la mercancía con eficiencia. La baja tecnificación limita el rendimiento por hectárea y hace más vulnerable el cultivo frente a cambios climáticos o plagas; la intermediación fragmenta la ganancia y deja menos ingresos para quien siembra; y la logística deficiente termina castigando al consumidor, que paga más por un alimento esencial. En una ciudad donde la yuca no es un acompañante secundario sino parte de la dieta popular, el problema tiene impacto directo en el bolsillo de miles de familias.

Más allá del desabastecimiento puntual, lo que está en juego es la sostenibilidad de una cadena productiva que sostiene empleo informal, tradición gastronómica y abastecimiento urbano. Si no hay inversiones en tecnología agrícola, vías, almacenamiento y comercialización directa, la escasez puede volverse un síntoma recurrente y no una anomalía pasajera. Y cuando eso ocurre, el golpe no se limita a los fabricantes de bollos: se extiende a la mesa de los hogares más vulnerables, donde cada aumento en un alimento básico pesa más que cualquier discurso sobre la abundancia del campo.

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