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Guatemala busca que la bancarización se convierta en crédito real para hogares y negocios

Hace 1 hora
Guatemala busca que la bancarización se convierta en crédito real para hogares y negocios

Imagen: infobae

Guatemala entró en una nueva fase de su estrategia de inclusión financiera con una meta concreta: que abrir una cuenta no sea el final del proceso, sino la puerta de entrada al crédito. El desafío ahora es convertir el avance en bancarización en préstamos reales para familias y pequeños negocios.

Guatemala dio un paso importante en su política de inclusión financiera al poner en marcha una segunda etapa de estrategia nacional que ya no se conforma con sumar cuentas bancarias, sino que busca transformar esa bancarización en acceso efectivo al crédito. La Comisión de Inclusión Financiera, según informó infobae, reportó que cerca del 69% de los adultos del país ya tiene una cuenta, un avance relevante en un país donde históricamente buena parte de la población ha quedado por fuera del sistema formal. El nuevo objetivo es más ambicioso: que esa entrada al sistema financiero se traduzca en financiamiento para familias, emprendedores y pequeñas empresas que todavía operan con recursos limitados o en condiciones precarias.

El giro es clave porque una cuenta bancaria, por sí sola, no resuelve los problemas de acceso al dinero productivo. En economías como la guatemalteca, la inclusión financiera suele avanzar primero por la vía de depósitos, transferencias y pagos digitales, pero se queda corta cuando el siguiente escalón —el crédito— sigue bloqueado por falta de historial, ingresos irregulares, informalidad laboral o requisitos que excluyen a quienes más necesitan financiamiento. De acuerdo con la información divulgada, la segunda etapa de la estrategia apunta justamente a cerrar esa brecha: que la bancarización deje de ser un indicador administrativo y se convierta en una herramienta real para movilizar capital hacia los hogares y los negocios más pequeños.

Esto importa por una razón de fondo: en países con alta informalidad, el acceso al crédito puede definir si una familia supera una emergencia, si un microempresario compra inventario o si un trabajador logra sostener un negocio propio. Cuando el sistema financiero solo reconoce a quienes ya tienen estabilidad, termina reforzando la desigualdad que dice combatir. Por eso, el reto de Guatemala no es menor. No basta con celebrar que casi siete de cada diez adultos tengan cuenta; el verdadero termómetro será cuánto de ese universo logra obtener préstamos, en qué condiciones y con qué impacto sobre el empleo y el consumo interno. Si la estrategia funciona, podría ampliar la base productiva y dinamizar economías locales donde el dinero circula poco y el crédito formal llega tarde o nunca.

En el fondo, la apuesta guatemalteca revela una discusión más amplia que atraviesa a América Latina: la inclusión financiera no puede medirse solo por la cantidad de cuentas abiertas, sino por la calidad del acceso al sistema. La pregunta que sigue abierta es si bancos, reguladores y Estado podrán diseñar mecanismos más flexibles sin disparar el riesgo. Si lo logran, el cambio podría ser profundo: menos dependencia del crédito informal, más capacidad de ahorro y mejores posibilidades de crecimiento para millones de personas que hoy siguen mirando al banco como una puerta que apenas se abre.

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