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Infantino retrocede y la FIFA frena su plan de privatizar el Mundial

Hace 6 horas
Infantino retrocede y la FIFA frena su plan de privatizar el Mundial

Imagen: El País

La FIFA frenó su plan de abrir la puerta a la privatización del Mundial tras constatar que no tenía respaldo entre sus asociaciones miembro. Gianni Infantino dio marcha atrás en una propuesta que habría sacudido el control sobre el torneo más rentable del fútbol.

La FIFA enterró, al menos por ahora, uno de los planes más polémicos impulsados por Gianni Infantino: la idea de avanzar hacia la privatización del Mundial. El presidente del organismo reconoció que la iniciativa no seguirá su curso después de comprobar que no cuenta con el apoyo suficiente entre las asociaciones miembro, un golpe político que obliga al máximo dirigente del fútbol global a retroceder en una de sus apuestas más ambiciosas y controvertidas.

Según informó El País, la propuesta pretendía abrir una discusión sobre el control y la explotación comercial del torneo, en un contexto en el que el Mundial es, con diferencia, la principal fuente de ingresos y de poder simbólico de la FIFA. La resistencia interna fue determinante. En una organización donde el respaldo de las federaciones nacionales es la base de legitimidad del presidente, quedarse sin mayoría equivale a perder el partido antes de que empiece. La decisión, presentada como una corrección de rumbo, en realidad evidencia el tamaño de la oposición que despertó una iniciativa percibida por muchos como un intento de concentrar todavía más poder y rentabilidad en pocas manos.

El retroceso de Infantino importa porque toca el corazón del negocio del fútbol mundial. El Mundial no es solo un torneo; es el activo más valioso de la FIFA, el escenario donde confluyen audiencia global, patrocinio, derechos de televisión y una enorme influencia política. Hablar de privatización en ese nivel no es un debate técnico menor: implica discutir quién controla el principal producto del deporte más seguido del planeta y bajo qué reglas se reparte una riqueza que, hasta ahora, la FIFA ha administrado con un modelo que combina rentabilidad y monopolio institucional. Para países como Colombia o para federaciones con menor peso en la arquitectura del fútbol, cualquier cambio en esa gobernanza podría traducirse en menos voz en las decisiones y en una mayor distancia entre el centro del poder y las bases del deporte.

La marcha atrás también deja una lección sobre los límites del liderazgo de Infantino. Aunque ha consolidado una FIFA más poderosa y comercialmente agresiva, no todo proyecto encuentra aceptación automática en un organismo que funciona por equilibrios frágiles, lealtades regionales y cálculo político. En la práctica, el mensaje es claro: el presidente puede empujar la agenda, pero todavía necesita convencer a quienes sostienen la estructura. Y en este caso, el costo político de insistir fue demasiado alto. El Mundial sigue siendo, por ahora, patrimonio institucional de la FIFA; pero el intento de ponerlo en la mesa de la privatización confirma que la disputa por su control está lejos de cerrarse.

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