La Fiscalía pide tumbar las quejas de Ábalos y Koldo y da por cerrado el margen de maniobra

Imagen: El País
La Fiscalía ha rechazado las quejas de José Luis Ábalos y Koldo García contra la sentencia del Supremo y sostiene que sus recursos no tienen recorrido. Además, Víctor de Aldama también ha pedido al alto tribunal que tumbe los incidentes de nulidad presentados por ambos.
La Fiscalía ha cerrado filas con la sentencia del Tribunal Supremo que condenó a José Luis Ábalos y a su exasesor Koldo García, y ha pedido desestimar las quejas presentadas por ambos al considerar que están condenadas al fracaso. El movimiento refuerza la posición del alto tribunal en uno de los casos de mayor impacto político y judicial de los últimos años, con derivadas directas sobre el exministro de Transportes y sobre la arquitectura de poder que lo rodeó durante su etapa en el Gobierno.
Según informó El País, el Ministerio Público se ha opuesto a los incidentes de nulidad promovidos por Ábalos y García, dos intentos procesales para tumbar o corregir una resolución que consideran lesiva para sus intereses. En paralelo, Víctor de Aldama también ha solicitado al Supremo que rechace esas impugnaciones, alineándose con la tesis de que no existe base suficiente para reabrir la discusión sobre la sentencia. En términos prácticos, la Fiscalía entiende que los argumentos de los dos exresponsables de Transportes no aportan elementos nuevos ni vulneraciones que justifiquen alterar el fallo.
La importancia de este paso va mucho más allá del trámite jurídico. En España, los incidentes de nulidad suelen ser la última carta antes de escalar a instancias superiores o abrir la puerta a recursos extraordinarios, por lo que el rechazo de la Fiscalía anticipa un escenario adverso para Ábalos y Koldo. También deja claro que el caso sigue avanzando en una dirección incómoda para el PSOE y para el debate público sobre la gestión de contratos, favores y redes de influencia en la administración. Cuando un asunto de esta naturaleza llega al Supremo y empieza a acumular negativas procesales, el mensaje político es tan fuerte como el judicial: el margen para revertir la condena se estrecha, y cada nuevo pronunciamiento incrementa la presión sobre los implicados.
Para la ciudadanía, este tipo de episodios importa porque no solo se trata de nombres propios, sino de la confianza en las instituciones y en la forma en que se investigan posibles abusos de poder. Si el alto tribunal confirma la línea actual, Ábalos y Koldo quedarán cada vez más atrapados en una estrategia defensiva sin demasiado oxígeno. Y si, como anticipa la Fiscalía, sus quejas terminan cayendo una tras otra, el caso seguirá alimentando una pregunta incómoda para la política española: hasta qué punto las redes internas del poder pueden sostenerse cuando los tribunales empiezan a desarmarlas.



