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Irán habría activado células en Irak para preparar drones contra el Golfo

Hace 1 día

Entre el 20 de abril y el 17 de mayo, varios equipos de combatientes chiítas iraquíes habrían operado desde el desierto del sur de Irak para preparar drones contra países del Golfo, según Reuters. El hallazgo vuelve a poner a Irak en el centro de la disputa entre Irán, sus aliados y las monarquías árabes.

Una red de células clandestinas vinculadas a la Guardia Revolucionaria iraní habría operado en el sur de Irak para preparar ataques con drones contra países del Golfo, de acuerdo con ocho informantes citados por Reuters. Según esa investigación, entre el 20 de abril y el 17 de mayo se movieron tres o cuatro equipos de unos diez combatientes chiítas iraquíes desde zonas desérticas cercanas a Basora y Samawa, en una maniobra que confirma hasta qué punto el territorio iraquí sigue siendo un tablero gris de la guerra de influencia entre Teherán, Washington y sus aliados regionales.

Lo relevante no es solo el posible uso de drones, sino la lógica detrás de esta operación: usar el sur iraquí como plataforma de acción encubierta para ampliar el radio de presión sobre los países del Golfo. Basora, en particular, es una zona sensible por su cercanía a la frontera con Kuwait y por su peso energético, mientras que Samawa ofrece la cobertura de un terreno desértico que facilita el ocultamiento de equipos, desplazamientos rápidos y preparación de material militar sin demasiada visibilidad pública. Que ocho fuentes distintas describan una dinámica de este tipo le da fuerza a la versión, aunque, como siempre en este tipo de reportes, el detalle operativo completo permanece fuera del alcance público.

Este episodio importa por una razón sencilla: muestra que la amenaza de los drones ya no es un asunto abstracto ni exclusivo de los frentes de guerra convencionales. En los últimos años, estas aeronaves han pasado de ser armas de precisión militar a convertirse en herramientas baratas, difíciles de rastrear y muy efectivas para presionar infraestructuras petroleras, bases militares y objetivos estratégicos. Para los gobiernos del Golfo, eso significa vivir con un riesgo permanente sobre refinerías, puertos, aeropuertos y oleoductos; para Irak, implica otra dosis de inestabilidad en un país que todavía no consigue sacudirse la influencia de milicias armadas y redes alineadas con Irán. Y para Estados Unidos, el asunto es una advertencia adicional: cada operación clandestina de este tipo aumenta la posibilidad de represalias, errores de cálculo y una escalada regional que nadie controla por completo.

La clave política es que Irak sigue pagando el costo de su posición intermedia. Formalmente, Bagdad intenta presentarse como un Estado soberano que no quiere convertirse en base de nadie; en la práctica, distintas facciones armadas compiten por territorio, rutas y capacidad de fuego bajo la sombra de patrocinadores externos. Si lo revelado por Reuters se confirma, no estaríamos ante un episodio aislado, sino ante otra muestra de cómo Irán proyecta poder mediante actores locales, evitando el choque directo y dejando que otros ejecuten la parte más sucia del trabajo. Ese método reduce exposición para Teherán, pero eleva el peligro para la región: cualquier dron lanzado desde el desierto iraquí puede terminar detonando una crisis diplomática, una respuesta militar o, peor aún, una nueva cadena de ataques que afecte a civiles y a la ya frágil economía del Golfo.

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