Mosly, la perra antiexplosivos del Ejército, murió en Briceño tras una descarga eléctrica
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Mosly, una perra pastor belga malinois entrenada para detectar explosivos al servicio del Ejército Nacional, murió en Briceño, Antioquia, tras ser alcanzada por una descarga eléctrica. Su caso recuerda el costo silencioso que también pagan los animales de trabajo en zonas de operación militar.
La muerte de Mosly, una perra pastor belga malinois especializada en la detección de explosivos para el Ejército Nacional, deja una herida que va más allá de la anécdota emotiva. La canina falleció en las últimas horas en Briceño, Antioquia, luego de ser alcanzada por una descarga eléctrica, según informó El Tiempo (Colombia). En un país donde la labor de estos animales puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, su pérdida impacta tanto por lo humano como por lo operativo.
Mosly hacía parte de ese grupo de caninos entrenados para acompañar a tropas en tareas de alto riesgo, especialmente en la búsqueda de artefactos explosivos improvisados y otros peligros asociados a zonas rurales con presencia militar. Los perros de este tipo, en especial los pastor belga malinois, son valorados por su disciplina, su olfato y su capacidad para trabajar en condiciones exigentes. No son simples mascotas ni un apoyo decorativo: son parte activa de las maniobras de seguridad y, en muchos casos, abren camino para proteger a soldados y civiles. Por eso, cuando uno de ellos muere en servicio o durante una operación, la pérdida también se siente en términos de capacidad táctica y desgaste emocional dentro de las unidades.
El caso de Mosly también pone sobre la mesa una realidad que suele pasar desapercibida: los riesgos de la vida militar no recaen únicamente sobre las personas. En territorios como Antioquia, donde el Ejército mantiene presencia en medio de terrenos difíciles, clima cambiante y amenazas persistentes, los animales entrenados para detección quedan expuestos a factores que van desde artefactos ocultos hasta fenómenos naturales. Esa vulnerabilidad revela el nivel de exposición al que se enfrentan las operaciones de seguridad en zonas donde el control estatal sigue siendo parcial y donde cualquier desplazamiento puede convertirse en un ejercicio de alto riesgo.
Más allá del golpe simbólico, la muerte de Mosly invita a mirar con mayor seriedad el papel de los binomios caninos en Colombia. Cada perro de detección requiere años de entrenamiento, inversión pública y un vínculo estrecho con sus guías. Cuando uno de ellos muere, el impacto no se limita al duelo: también obliga a replantear protocolos de protección, condiciones de operación y el cuidado que merece un recurso que, en la práctica, salva vidas. En medio de la rutina informativa, historias como la de Mosly recuerdan que la guerra, la seguridad y el territorio también se escriben con silencios, pérdidas y sacrificios que muchas veces no hacen ruido, pero pesan tanto como un operativo completo.




