La inflación en Italia cede levemente en julio, pero el alivio sigue siendo frágil
La inflación en Italia bajó levemente en julio al 2,9 % interanual, impulsada por el menor encarecimiento de los alimentos frescos y la energía no regulada. Pero el alivio es parcial: suben los servicios regulados y el Istat elevó su previsión para 2026.
La inflación en Italia cerró julio en 2,9 % interanual, una décima menos que en junio, en una señal de desaceleración modesta que todavía no permite hablar de alivio pleno para los hogares. El dato definitivo, divulgado por el Instituto Nacional de Estadística (Istat), corrigió al alza la estimación preliminar y mostró además una variación mensual de 0,3 %, en un contexto en el que el encarecimiento de la vida sigue golpeando con distinta intensidad según el rubro.
La moderación del índice respondió sobre todo a la baja en los precios de los alimentos no procesados y de la energía no regulada, dos componentes especialmente sensibles para el bolsillo de las familias. En julio, los productos energéticos no regulados pasaron de subir 13,3 % a 11,4 % interanual, mientras que los alimentos frescos se desaceleraron de 4,4 % a 3,6 %. También aflojaron los servicios diversos, que bajaron del 2,5 % al 1,8 %. Sin embargo, ese alivio parcial convivió con nuevas presiones en otros frentes: los energéticos regulados aceleraron con fuerza, del 9,2 % al 14,8 %, y también avanzaron los servicios de transporte y los vinculados al ocio, la cultura y el cuidado personal.
El dato de fondo es que la inflación subyacente, la que excluye energía y alimentos frescos y suele servir para medir las tensiones más persistentes de la economía, se mantuvo estable en 1,6 %. Ese comportamiento sugiere que la presión inflacionaria no desaparece, sino que se reacomoda entre sectores. En paralelo, el índice armonizado de precios al consumidor, usado para comparar a Italia con el resto de la Unión Europea, cayó 1,0 % en julio frente a junio por efecto de las rebajas de verano, aunque en términos anuales también quedó en 2,9 %. Para las familias italianas, esto significa que el respiro sigue siendo limitado: algunos productos dejan de encarecerse tan rápido, pero la canasta cotidiana todavía no vuelve a niveles cómodos ni previsibles.
Más allá del dato puntual, la lectura política y económica es clara: Italia sigue atrapada entre una inflación que cede lentamente y una estructura de precios que permanece frágil. El propio Istat elevó su previsión de inflación para 2026 al 2,7 %, una señal de que la normalización será más lenta de lo esperado. En un país donde el costo de la energía, el transporte y los alimentos pesa con fuerza sobre los ingresos medios y bajos, cada décima importa. Y aunque julio dejó una pequeña mejora, no alcanza por sí sola para borrar la sensación de que la recuperación del poder adquisitivo seguirá siendo una de las grandes tareas pendientes en la economía italiana.




