Estados Unidos

La ultraderecha alemana rompe el dique y desafía el cordón sanitario

Hace 1 hora
La ultraderecha alemana rompe el dique y desafía el cordón sanitario

Imagen: El País

La victoria aplastante de la ultraderecha en Sajonia-Anhalt vuelve a poner en jaque el cordón sanitario en Alemania y en la Unión Europea. Con más del 40% del voto, el avance neofascista ya no es una anomalía: es una advertencia política de primer orden.

La arrolladora victoria de la ultraderecha en Sajonia-Anhalt ha vuelto a abrir una discusión incómoda en Alemania y en toda la Unión Europea: qué hacer cuando una fuerza abiertamente iliberal deja de ser marginal y pasa a rozar —o incluso superar— el 40% del voto. El resultado no solo sacude a la política regional alemana; también pone bajo presión una de las estrategias más repetidas por el centro democrático europeo: mantener un cordón sanitario para aislar a partidos considerados extremistas. El problema es que, cuando el apoyo electoral crece a ese nivel, la exclusión deja de parecer una solución y empieza a verse como una apuesta cada vez más frágil.

Según recoge El País, el avance del neofascismo en Sajonia-Anhalt reabre una herida histórica en un país que construyó gran parte de su identidad democrática sobre la memoria del nazismo y sobre la idea de que ciertas fronteras políticas no deben cruzarse. Durante años, esa lógica permitió contener a la extrema derecha mediante pactos tácitos entre conservadores, socialdemócratas, liberales y verdes. Pero los resultados recientes muestran una realidad más áspera: el descontento social, la fatiga con las élites, el miedo a la inmigración y la sensación de abandono en regiones del este alemán siguen alimentando a una derecha radical que ya no depende solo del voto protesta. Ha aprendido a organizarse, a normalizar su discurso y a convertir la indignación en fuerza electoral estable.

Lo que está en juego no es únicamente un debate táctico sobre alianzas parlamentarias. Es una prueba para la arquitectura política europea. Si un partido señalado por su deriva autoritaria consigue instalarse como opción dominante en una región importante, la pregunta deja de ser si puede ser ignorado y pasa a ser cómo responder sin legitimar sus ideas ni vaciar de contenido la democracia representativa. Ese dilema importa en Alemania, pero también en otros países donde la ultraderecha avanza con mensajes parecidos: crisis de identidad, rechazo a la migración, desconfianza en Bruselas y promesas de orden frente al caos. El caso alemán demuestra que el cordón sanitario puede frenar a la extrema derecha durante un tiempo, pero no sustituye la tarea de fondo: reconstruir confianza social, reducir desigualdades territoriales y ofrecer respuestas concretas a quienes sienten que el sistema dejó de hablarles.

La victoria en Sajonia-Anhalt, en ese sentido, no es un episodio aislado ni una simple mala noticia para los partidos tradicionales. Es un síntoma de una mutación más profunda en la política europea: la ultraderecha ya no solo protesta desde los márgenes, ahora disputa el centro del poder con capacidad real de condicionar gobiernos, agendas y lenguajes públicos. Y cuando eso ocurre, el costo no se mide solo en escaños: se mide en los límites que una sociedad está dispuesta a tolerar antes de que la excepción empiece a parecer norma.

Noticias relacionadas