90 años del golpe de Franco: la Guerra Civil que España aún no logra cerrar

Imagen: clarin colombia
El 18 de julio de 1936, la rebelión de Francisco Franco contra la República abrió una de las heridas más profundas del siglo XX en España. Noventa años después, la Guerra Civil sigue siendo una memoria incómoda de muerte, venganza y fractura.
El 18 de julio de 1936 marcó el inicio de una ruptura histórica que España todavía no termina de cerrar: la sublevación del general Francisco Franco contra el gobierno republicano desató una Guerra Civil que dejó muerte, persecución y un país dividido por décadas. Noventa años después, ese episodio no pertenece solo a los libros de historia; sigue pesando en la memoria colectiva, en las discusiones políticas y en la forma en que España se mira a sí misma.
De acuerdo con clarin colombia, el recuerdo de aquellos años sigue ligado a la violencia y al rencor que acompañaron el conflicto. No fue solo una guerra entre bandos armados: fue también una lucha por imponer un orden político y social, con ejecuciones, represalias y una lógica de venganza que se extendió mucho más allá del campo de batalla. Franco, que se rebeló contra la República en nombre de un proyecto autoritario, terminó consolidando una dictadura que se prolongó hasta 1975 y que dejó una huella profunda en las instituciones, la cultura política y las familias españolas.
Lo que vuelve especialmente vigente esta fecha es que la Guerra Civil no se ha convertido en un pasado pacificado. En España, el debate sobre la memoria histórica, las fosas comunes, la reparación a las víctimas y el lugar del franquismo en el relato nacional sigue abierto. Eso importa porque muestra que los conflictos no terminan cuando callan las armas: también perduran en los silencios, en las versiones contrapuestas de lo ocurrido y en la dificultad de construir un consenso democrático sobre lo que debe ser recordado. Noventa años después, la pregunta no es solo qué pasó en 1936, sino qué hace una sociedad con una tragedia que todavía divide a generaciones.
Esa persistencia explica por qué la Guerra Civil española sigue siendo un espejo incómodo para otras democracias: revela cómo el autoritarismo puede instalarse sobre la polarización, cómo el odio político puede desbordar las instituciones y cómo las heridas mal cerradas reaparecen cuando el poder intenta controlar la memoria. España recuerda hoy no solo a sus muertos, sino también el costo de haber convertido la confrontación en destino.




