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La picanha se vuelve arma electoral en la pelea de Lula por seguir en el poder

Hace 3 horas

La pelea por la reelección en Brasil ya no gira solo en torno a inflación o empleo: ahora también se libra en torno a la picanha. Mientras Lula promete que ese corte volverá a la mesa de todos si gana, la derecha lo usa como símbolo del encarecimiento y del desgaste del gobierno.

La campaña presidencial en Brasil encontró en la picanha un símbolo político inesperado, pero poderoso. Lo que para millones de brasileños es un corte emblemático de la mesa dominical se convirtió en un argumento electoral de alto voltaje: Luiz Inácio Lula da Silva lo usó como promesa de recuperación del consumo popular, y la oposición, encabezada por Flávio Bolsonaro, lo está transformando en prueba del malestar económico que golpea a las familias.

Según informó Clarín Colombia, Lula sostiene que, si logra la reelección en octubre, ese codiciado corte de carne vacuna volverá a estar al alcance de más hogares brasileños. El mensaje no es casual. La carne tiene una carga simbólica fuerte en un país donde el poder de compra es una de las principales variables que definen el humor social. Pero la realidad económica terminó complicando la narrativa oficial: los precios subieron y el costo de vida volvió a tensar el bolsillo de la clase media y de los sectores populares, justo el terreno donde se decide una elección cerrada.

Ahí es donde la oposición encontró una oportunidad. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y una de las figuras más activas del bolsonarismo, tomó la picanha como emblema para golpear al gobierno con una idea simple y eficaz: si el alimento que Lula prometió en campaña sigue siendo inaccesible, entonces la mejora económica no llegó. En política, pocas imágenes son tan útiles como una que resume frustración cotidiana. Y en Brasil, donde la inflación de alimentos pesa de manera directa sobre la mesa familiar, ese recurso puede mover votos más que cualquier discurso técnico.

El episodio muestra hasta qué punto la elección brasileña se está jugando en el terreno de la vida diaria. No es solo una disputa entre dos proyectos ideológicos, sino una pulseada por la percepción de bienestar. Lula intenta reactivar el recuerdo de sus años de expansión del consumo y de inclusión social; la derecha, en cambio, quiere instalar que esa promesa se desinfló y que el ciudadano común sigue pagando más por comer lo mismo. En un país de enorme desigualdad, donde la cesta básica sigue siendo termómetro político, la picanha funciona como una metáfora brutal: si el plato fuerte se encarece, también se encarece la paciencia electoral.

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