ELN eleva la presión en el sur del Chocó con ataques de drones a tres estaciones de Policía
Imagen: El Tiempo (Colombia)
El sur del Chocó vive una nueva escalada de guerra con drones: tres estaciones de Policía fueron atacadas en menos de 72 horas en Condoto, Nóvita y Río Iró. El ELN aparece como autor de una ofensiva que exhibe la vulnerabilidad estatal en una de las regiones más aisladas del país.
El sur del Chocó está enfrentando una ofensiva que confirma una tendencia cada vez más peligrosa en Colombia: los grupos armados ya no solo disputan territorio con fusiles, sino con drones cargados de explosivos. En menos de 72 horas, las estaciones de Policía de Condoto, Nóvita y Río Iró fueron atacadas de esa manera, y todo apunta al ELN como responsable de esta secuencia de acciones que mantiene en alerta a una región históricamente golpeada por la presencia de actores ilegales y la débil capacidad estatal.
De acuerdo con la información conocida, los ataques no fueron hechos aislados ni improvisados. La simultaneidad y la repetición en tres puntos distintos del sur del Chocó muestran una capacidad operativa preocupante, porque implica planeación, movilidad y una lectura precisa de las fallas de seguridad en zonas donde el Estado suele llegar tarde o con recursos limitados. Las estaciones atacadas están en municipios con presencia histórica de economías ilegales, movilidad fluvial compleja y una geografía que favorece la clandestinidad, factores que facilitan este tipo de acciones y dificultan la respuesta inmediata de la fuerza pública.
Lo más grave de esta escalada no es solo el ataque en sí, sino el mensaje político y militar que deja. El uso de drones con explosivos marca una mutación en las tácticas de guerra irregular en Colombia: reduce el riesgo para quienes atacan, amplía el alcance de los daños y obliga a la Fuerza Pública a adaptarse a una amenaza para la que muchas veces no tiene suficientes herramientas tecnológicas ni cobertura territorial. Para la población civil, esto significa vivir aún más expuesta, entre retenes, confinamientos, miedo al desplazamiento y una sensación de abandono que en el Chocó se repite desde hace décadas. En una región donde la presencia del Estado suele medirse por operativos esporádicos y no por instituciones permanentes, cada ataque de este tipo erosiona aún más la confianza en la capacidad de protección oficial.
Este episodio también debería leerse como una señal de alarma para el resto del país. Lo que ocurre en Condoto, Nóvita y Río Iró no es un hecho marginal ni una noticia local más: es la evidencia de que la guerra en Colombia está incorporando tecnologías que cambian el equilibrio del conflicto y elevan el riesgo para policías, militares y comunidades enteras. Si el Estado no responde con inteligencia, vigilancia aérea y una estrategia sostenida para controlar corredores armados, el sur del Chocó puede convertirse en laboratorio de una violencia más sofisticada y difícil de contener.



