Estados Unidos

US Open: ruido, influencers y olor a marihuana tensionan la tradición del torneo

Hace 1 hora

El US Open arranca con una polémica que va más allá del tenis: ruido, flashes, humo y la irrupción de influencers están alterando la experiencia en Flushing Meadows. Los organizadores ya evalúan cambios para frenar excesos que chocan con la tradición del torneo.

El US Open volvió a exhibir el contraste entre el tenis de élite y el espectáculo que lo rodea. Esta edición del Grand Slam neoyorquino arrancó con quejas por interrupciones constantes en las gradas, destellos de cámaras, música y ruido fuera de lugar, además de reclamos por olor a marihuana en distintos sectores del estadio, un cóctel que ya llevó a los organizadores a estudiar cambios en los permisos y reglas de acceso durante el torneo.

Según informó infobae estados unidos, la incomodidad no viene solo de un ambiente más desordenado en las tribunas, sino también del peso creciente de los influencers y de una cultura de consumo de imágenes que choca con la etiqueta tradicional del tenis. El problema no es menor: en un deporte donde la concentración define un punto y una distracción puede alterar un partido entero, el exceso de cámaras, celulares levantados y búsquedas de visibilidad en redes se convierte en una interferencia real para jugadores, jueces y público. A eso se suma el debate por los olores de marihuana, en una ciudad como Nueva York donde el consumo está permitido bajo ciertas condiciones, pero no necesariamente encaja con las exigencias de un torneo internacional que vende una experiencia familiar y ordenada.

El trasfondo es más profundo de lo que parece. El US Open, como otros grandes eventos deportivos en Estados Unidos, enfrenta la tensión entre modernizarse y proteger su identidad. En años recientes, el tenis ha buscado expandirse a audiencias más jóvenes, más digitales y menos rígidas, pero esa apertura también abre la puerta a comportamientos que rozan el exceso y ponen a prueba las reglas de convivencia. Lo que hoy se discute en Flushing Meadows no es solo una molestia puntual: es una señal de cómo cambian los grandes escenarios deportivos cuando la lógica del entretenimiento, las redes sociales y el consumo inmediato se meten en canchas donde antes mandaba el silencio casi religioso. Si los organizadores endurecen permisos y controles, el mensaje será claro: el US Open quiere seguir siendo un espectáculo global, pero sin perder del todo el respeto por el juego que lo hizo grande.

La discusión importa porque refleja un dilema cada vez más visible en Estados Unidos: cómo mantener el orden y la experiencia deportiva en eventos masivos sin expulsar a las nuevas audiencias que los sostienen. En el fondo, el torneo neoyorquino está midiendo hasta dónde puede llegar la modernidad antes de romper las reglas no escritas del tenis.

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