La pelea por la presidencia del Senado exhibe fracturas en la coalición Verde-En Marcha-AICO
Imagen: El Tiempo - Política
La disputa por la presidencia del Senado dejó al descubierto las grietas dentro de la coalición entre Alianza Verde, En Marcha y AICO. Mientras los verdes anunciaron apoyo a Alfredo Deluque, Juan Fernando Cristo negó que su partido hubiera firmado ese respaldo.
La puja por la presidencia del Senado ya no solo enfrenta aspiraciones personales: está exhibiendo las fisuras políticas de la coalición que integran Alianza Verde, En Marcha y AICO. En medio de la discusión por el control de la corporación en la recta final legislativa, los verdes anunciaron su respaldo a Alfredo Deluque, pero Juan Fernando Cristo salió a desmarcarse y negó que su partido hubiera suscrito el comunicado que circuló en apoyo al congresista. El episodio confirma que la pelea por una mesa directiva, en apariencia procedimental, terminó convertida en una prueba de cohesión para sectores que han intentado presentarse como una alianza con vocación de centro y capacidad de arbitraje político.
Según informó El Tiempo - Política, el pronunciamiento que respaldó a Deluque generó ruido inmediato porque dejó la sensación de que existía un acuerdo más amplio de lo que en realidad había. Cristo, una de las figuras más visibles de En Marcha, aclaró que su colectividad no había firmado ese texto, lo que en la práctica desmonta la idea de un bloque compacto detrás del nombre del aspirante. En el Congreso, estos matices no son menores: una firma, un comunicado o una adhesión pública pueden redefinir correlaciones de fuerza, abrirle o cerrarle el paso a una candidatura y, sobre todo, mostrar quién realmente controla la agenda dentro de una coalición que ha buscado ganar peso en el centro político.
Lo que ocurre alrededor de la presidencia del Senado importa más allá del cargo en sí. Esa silla determina ritmos legislativos, prioridades de debate y capacidad de interlocución con el Ejecutivo, así que cada respaldo cuenta y cada desmarque revela el verdadero estado de las alianzas. En Colombia, donde las coaliciones suelen ser frágiles y transaccionales, estas disputas funcionan como radiografías del poder: muestran quién negocia con quién, quién conserva autonomía y quién intenta capitalizar una mayoría momentánea. Si Alianza Verde, En Marcha y AICO no logran ordenar su postura, el costo no será solo reputacional; también puede traducirse en menos capacidad para influir en la agenda del Capitolio y en mayores tensiones hacia adentro de unas fuerzas que necesitan disciplina para no quedar subordinadas a las maquinarias tradicionales.
En el fondo, la controversia deja una pregunta de mayor alcance: si una coalición no logra hablar con una sola voz en la elección de la presidencia del Senado, ¿qué tan sólida puede ser cuando llegue el momento de decidir reformas, presupuestos y apoyos al Gobierno? El episodio, más que una anécdota parlamentaria, es una advertencia sobre la volatilidad de las alianzas en el Congreso colombiano y sobre la dificultad de sostener proyectos políticos comunes cuando lo que está en juego es poder inmediato.




