Uribismo mueve fichas por la presidencia del Senado y agita la puja en el Congreso
Imagen: El Tiempo - Política
La pelea por las presidencias de Senado y Cámara ya no es un trámite interno: se convirtió en una pulseada política con el uribismo moviendo ficha para asegurar poder en el arranque del Congreso. La defensa pública de Honorio Henríquez marca que la disputa va más allá de nombres y revela el mapa de fuerzas que se alista para la nueva legislatura.
La disputa por las presidencias de Senado, Cámara y las mesas directivas del Congreso entró en su fase más delicada con el Centro Democrático empujando con fuerza el nombre de Honorio Henríquez para encabezar el Senado. La defensa de esa postulación, hecha por el director de la colectividad en declaraciones a EL TIEMPO, y el pronunciamiento del expresidente Álvaro Uribe, confirman que la elección de las cabezas del Legislativo se convirtió en una batalla de poder con impacto directo en la agenda legislativa que arrancará en los próximos meses.
La movida no es menor. Las presidencias de las dos cámaras no solo administran el funcionamiento interno del Congreso; también ordenan el ritmo de los debates, priorizan proyectos y marcan el tono de la relación entre el Legislativo y el Gobierno. En ese escenario, el Centro Democrático busca no quedar por fuera de la repartición de cargos clave, mientras otras bancadas también maniobran para asegurar espacios en las mesas directivas. Aunque la discusión suele presentarse como un trámite de equilibrio entre partidos, en la práctica define quién tiene mayor capacidad para influir en la agenda política del país.
Que Uribe haya intervenido públicamente no sorprende, pero sí confirma que esta no es una postulación menor dentro de su partido. El respaldo al nombre de Henríquez sugiere que el uribismo quiere capitalizar su peso parlamentario en un momento en que el Congreso será decisivo para las reformas que lleguen desde el Ejecutivo y para la oposición política al Gobierno. En Colombia, estas disputas internas suelen parecer lejanas al ciudadano, pero terminan afectando asuntos concretos: desde la velocidad con que avanzan las leyes hasta la forma en que se negocian presupuestos, controles políticos y eventuales reformas que impactan empleo, salud, seguridad y gasto público.
Lo que viene ahora es una negociación intensa entre partidos, en la que cada curul cuenta y cada apoyo se convierte en moneda de cambio. Más allá del nombre que termine ganando la presidencia del Senado, la pulseada deja ver un Congreso fragmentado, donde la gobernabilidad dependerá menos de mayorías estables y más de acuerdos coyunturales. En ese tablero, la elección de las mesas directivas no es un asunto administrativo: es la antesala de la pelea política que definirá el rumbo de la legislatura.



