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La crisis entre EEUU e Irán golpea el flujo de petróleo por el estrecho de Ormuz

Hace 2 horas

El comercio de petróleo por el estrecho de Ormuz perdió fuerza esta semana en plena escalada entre Estados Unidos e Irán, con una caída de 62% en el tránsito de crudo, según Kpler. El golpe revive el fantasma de una interrupción más amplia del suministro global de energía.

El flujo de petróleo por el estrecho de Ormuz se frenó con fuerza esta semana, en una señal clara de que la escalada militar entre Estados Unidos e Irán ya está alterando una de las rutas energéticas más sensibles del planeta. Según datos de Kpler citados por infobae mundo, el tránsito de crudo por esta vía marítima cayó 62% mientras Washington extendía sus ataques hacia el norte de Irán y Teherán respondía con misiles y drones contra aliados estadounidenses en la región. La lectura inmediata es que los mercados no solo están midiendo el riesgo geopolítico: ya comienzan a sentirlo en la logística real del petróleo.

El estrecho de Ormuz es mucho más que un paso marítimo en el Golfo Pérsico. Por ahí circula una porción decisiva del petróleo y del gas natural licuado que abastecen a Asia, Europa y, de manera indirecta, a la economía global. Cuando el tráfico cae de forma abrupta, no se trata únicamente de barcos detenidos o rutas más largas; se trata de mayores costos de flete, primas de seguro más altas, retrasos en entregas y, en última instancia, presión sobre los precios de la energía. Aunque no hay una clausura formal del estrecho, el desplome del tránsito muestra que armadores, comerciantes y aseguradoras están reaccionando al riesgo antes de que se concrete un bloqueo total.

El dato es especialmente preocupante porque llega en un momento en que ambos gobiernos parecen dispuestos a llevar la confrontación un paso más allá. La expansión de los ataques estadounidenses y la respuesta iraní contra objetivos vinculados a Washington elevan la posibilidad de un error de cálculo, y en este tipo de crisis el impacto económico suele correr más rápido que la diplomacia. Si la tensión persiste, el mercado petrolero podría enfrentar una nueva ronda de volatilidad, con efectos que se sentirían en las gasolineras, en el transporte de mercancías y en la inflación de países que ya vienen lidiando con costos altos de vida. Para Estados Unidos, que sigue siendo un actor central en la seguridad energética global pese a su mayor producción interna, la inestabilidad en Ormuz vuelve a recordar que el precio del petróleo sigue dependiendo de una geografía política que nadie controla por completo.

La caída de 62% en el tránsito no necesariamente significa que el estrecho esté cerrado, pero sí revela que la amenaza es suficientemente seria como para alterar el comercio. Y ese es el punto de fondo: cuando una ruta por donde pasa buena parte del petróleo mundial entra en zona de guerra, el costo no se limita a la región. Se reparte, con retraso pero con fuerza, en la factura energética de consumidores, empresas y gobiernos lejos del Golfo.

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