La rivalidad entre EE.UU. y China puede bloquear la sucesión en la ONU

Imagen: infobae mundo
La disputa entre Washington y Pekín puede transformar la sucesión de António Guterres en la ONU en un pulso de poder con veto incluido. Si Estados Unidos y China bloquean candidaturas rivales, el Consejo de Seguridad podría quedar paralizado justo cuando Naciones Unidas necesita liderazgo.
La elección del próximo secretario general de la ONU ya no depende solo de nombres, trayectoria diplomática o equilibrios regionales: también está atrapada en la rivalidad creciente entre Estados Unidos y China. Según informó infobae mundo, Donald Trump y Xi Jinping mantienen posiciones distintas sobre quién debería suceder a António Guterres, y ese desacuerdo abre la puerta a un escenario especialmente delicado: un veto cruzado en el Consejo de Seguridad que frene por completo la definición del cargo más visible del sistema multilateral.
El dato no es menor porque el proceso para elegir al máximo responsable de Naciones Unidas exige, en la práctica, que las cinco potencias con derecho a veto permitan que una candidatura avance. Eso convierte cualquier disputa entre miembros permanentes en una traba potencialmente decisiva. De acuerdo con la información difundida por infobae mundo, la falta de consenso entre Washington y Pekín no solo refleja una pulseada diplomática sobre nombres concretos, sino también una discusión más amplia sobre el rumbo que debe tomar la organización en un contexto de guerras, crisis humanitarias, tensiones comerciales y competencia estratégica entre las dos principales economías del planeta.
Lo que está en juego va mucho más allá de un relevo administrativo. El secretario general de la ONU no gobierna como un jefe de Estado, pero sí marca prioridades, administra crisis, representa la legitimidad del organismo y puede influir en la capacidad de mediación internacional. Por eso, si Estados Unidos y China terminan usando su poder de veto para bloquear candidatos incómodos, el mensaje sería devastador para una institución que ya arrastra cuestionamientos por su lentitud, su fragilidad frente a las grandes potencias y su dificultad para responder a conflictos como los de Ucrania, Gaza o Sudán. Para países de América Latina, incluidos Colombia, ese tipo de parálisis no es abstracta: reduce el margen de presión diplomática, debilita las misiones de paz y complica la defensa de agendas como migración, desarrollo y cooperación climática.
En este tablero, la sucesión de Guterres se vuelve una prueba de fuerza entre las dos capitales que hoy disputan influencia global. Si prevalece la lógica del bloqueo, la ONU podría entrar en otra temporada de desgaste institucional justo cuando más necesita credibilidad. Y si, por el contrario, aparece un candidato capaz de ser tolerable para ambos bandos, la elección no solo mostraría capacidad de negociación, sino también un raro recordatorio de que, incluso en tiempos de confrontación, la diplomacia todavía puede evitar que el sistema multilateral se quede sin rumbo.




