Kim Jong-un gana oxígeno económico con Rusia, pero el alivio sigue siendo frágil

Imagen: BBC Mundo
La economía norcoreana encontró un respiro gracias a su acercamiento a Rusia y al nuevo tablero geopolítico, que han dado oxígeno al régimen de Kim Jong-un. Pero ese alivio podría ser temporal y, sobre todo, está al servicio de consolidar su poder.
Corea del Norte ha conseguido algo que parecía improbable hace apenas unos años: aliviar, al menos por ahora, una economía castigada por las sanciones, el aislamiento y la propia rigidez del régimen. El giro clave ha sido su acercamiento a Rusia, una relación que se fortaleció en medio de la guerra en Ucrania y que le ha devuelto a Pyongyang margen de maniobra, ingresos y un mínimo colchón de estabilidad para Kim Jong-un. No se trata de una recuperación amplia ni de una apertura económica real, pero sí de un cambio suficiente para sostener al régimen y proyectar la imagen de que el líder norcoreano controla la situación.
Según informó BBC Mundo, la alianza con Moscú ha abierto nuevas vías de intercambio y cooperación en un momento en que el entorno internacional le resulta más favorable a Pyongyang que hace algunos años. El régimen norcoreano ha sabido capitalizar la necesidad rusa de apoyos externos y su disposición a desafiar el orden sancionatorio occidental. En términos prácticos, eso se traduce en más oxígeno para un país que vivió años de escasez agravada por la pandemia, el cierre de fronteras y el endurecimiento de las sanciones por su programa nuclear. La mejoría, sin embargo, no significa bienestar para la población: el beneficio principal sigue concentrado en la cúpula del poder y en la capacidad del Estado para mantener control político, militar y social.
El punto de fondo es que Kim Jong-un no solo ha logrado contener el deterioro económico; también ha convertido esa relativa mejoría en una herramienta de legitimación interna. En regímenes como el norcoreano, donde la propaganda reemplaza a la transparencia y donde la supervivencia del sistema depende del control absoluto, cualquier alivio material se usa como prueba de eficacia del liderazgo. Pero el panorama sigue siendo frágil. La dependencia de Rusia puede funcionar mientras Moscú necesite aliados y esté dispuesta a desafiar a Occidente, pero no garantiza una base sólida ni diversificada para el futuro. Si cambia la guerra, cambia la política rusa o se endurece de nuevo la presión internacional, el alivio de Pyongyang podría evaporarse con rapidez.
Por eso la pregunta no es solo cómo logró Corea del Norte amortiguar la crisis, sino cuánto de esa mejora es estructural y cuánto es circunstancial. La respuesta parece incómoda: Kim Jong-un ha comprado tiempo, no una solución. Y ese tiempo le sirve tanto para reforzar su autoridad como para seguir demostrando que, incluso bajo sanciones y aislamiento, el régimen sabe sobrevivir aprovechando cada grieta del sistema internacional.



