Asesinan en Cúcuta a Miguel Castellanos tras hablar de jóvenes y empleo
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Miguel Castellanos, exsecretario de Gobierno y aspirante a la Alcaldía de Cúcuta en 2027, fue asesinado tras dejar como última publicación un video centrado en educación y empleo juvenil. El mensaje, difundido en redes, hoy adquiere un peso político y humano distinto.
Miguel Castellanos, exsecretario de Gobierno de Cúcuta y aspirante a la Alcaldía para 2027, fue asesinado después de haber publicado un video en el que puso el foco en dos de los problemas más persistentes de la ciudad: las barreras que enfrentan los jóvenes para estudiar y conseguir empleo. La última intervención pública del dirigente terminó convertida en un símbolo doloroso de una campaña política truncada por la violencia.
Según informó El Tiempo (Colombia), en esa pieza audiovisual Castellanos hablaba de las dificultades que viven muchos muchachos cucuteños para acceder a oportunidades educativas y laborales, una realidad que en Cúcuta se siente con especial crudeza por el desempleo, la informalidad y la presión social que empuja a miles de jóvenes a quedarse por fuera del sistema. Su mensaje no era una pieza de propaganda vacía: apuntaba a un problema estructural que atraviesa la frontera, la economía local y las expectativas de una generación que sigue viendo cerradas las puertas de la movilidad social.
El hecho importa más allá del crimen político. En una ciudad como Cúcuta, donde la seguridad y la economía marcan la agenda cotidiana, el asesinato de una figura que buscaba proyectarse hacia la contienda de 2027 reabre preguntas incómodas sobre el espacio real de la política local frente a las amenazas de la violencia. También deja en evidencia que el debate sobre empleo juvenil y acceso a la educación no es un asunto abstracto, sino una urgencia que condiciona la vida diaria de las familias y el futuro institucional de la capital nortesantandereana.
La muerte de Castellanos no solo corta una aspiración electoral; también instala una nueva alerta sobre la fragilidad del liderazgo regional en Colombia. Cuando un dirigente es silenciado justo después de hablar de oportunidades para los jóvenes, el mensaje que queda es todavía más duro: la disputa por el poder sigue conviviendo con un país en el que ejercer política en territorio puede costar la vida.



