La víctima de Alessandro Pompeo dice que ya había alertado del riesgo de fuga
Tamara Fernández Varela asegura que advirtió desde antes el riesgo de fuga de Alessandro Pompeo: vio señales claras de que estaba preparando su desaparición. Ahora reclama que lo busquen y que la justicia actúe antes de que el caso se diluya.
Tamara Fernández Varela sostiene que la huida de Alessandro Pompeo no fue una sorpresa, sino una posibilidad que ella misma advirtió con antelación. Según relató, avisó a su abogado porque veía indicios muy claros de que el agresor sexual estaba preparando su desaparición: había empezado a desprenderse de sus bienes y, además, se estaba despidiendo de su entorno. Su mensaje ahora es directo: quiere contar lo ocurrido para que la búsqueda no se enfríe y para que el caso termine en justicia, no en silencio.
La gravedad de su testimonio no está solo en la fuga del acusado, sino en lo que revela sobre el tiempo perdido en este tipo de procesos. Cuando una víctima detecta señales de evasión y las comunica antes de que se produzca, el sistema judicial queda obligado a mirar con más atención las medidas de control, la vigilancia del investigado y la protección de quien denuncia. En este caso, Fernández Varela deja claro que ella no improvisó su alerta: observó conductas que, en su lectura, apuntaban a una huida inminente. Ese detalle cambia el foco de la historia, porque convierte la desaparición del agresor en un episodio que pudo haber sido anticipado.
Este caso también pone sobre la mesa una realidad incómoda: para muchas víctimas de violencia sexual, el peligro no termina con la denuncia ni con la apertura de un procedimiento. A veces comienza otra batalla, la de sostener la credibilidad de su palabra y empujar a que las instituciones actúen con rapidez antes de que el denunciado se esfume, destruya pruebas o gane tiempo. En contextos como este, cada demora pesa más que una declaración solemne. Y cuando hay señales de fuga, no basta con reaccionar después; importa, y mucho, cómo se actúa en el momento en que la víctima avisa.
La voz de Tamara Fernández Varela también introduce una dimensión política y social que trasciende su caso personal: la protección real de las víctimas no se mide solo por los discursos públicos, sino por la capacidad de impedir que los acusados de delitos graves aprovechen los huecos del sistema. Si Alessandro Pompeo logró marcharse pese a las señales que, según la denunciante, ya estaban ahí, la pregunta no es únicamente dónde está ahora, sino qué falló antes. Y esa respuesta determinará si este episodio se convierte en otro expediente más o en una advertencia seria sobre la necesidad de actuar con más rapidez cuando una víctima pide, incluso antes de que todo explote, que no la dejen sola frente al riesgo.


