Sequía prolongada golpea la costa salvadoreña y agrava la crisis rural

Imagen: infobae
La franja costera de El Salvador atraviesa una sequía prolongada que ya golpea cultivos, ganado y pesca artesanal. En zonas como el Estero de Jaltepeque y la Bahía de Jiquilisco, el monitoreo comunitario registró hasta 28 días sin lluvia.
La costa salvadoreña está pagando caro un período de casi un mes sin precipitaciones: la falta de lluvia ya se siente en la producción agrícola, en la alimentación del ganado y en la pesca artesanal, tres actividades que sostienen a miles de familias en la franja sur del país. El panorama es especialmente delicado en el Estero de Jaltepeque y la Bahía de Jiquilisco, donde el monitoreo comunitario reportó apenas 30,76 milímetros de lluvia en promedio y lapsos de hasta 28 días consecutivos sin agua, de acuerdo con Manos que Alimentan El Salvador.
El dato no es menor. En territorios costeros donde la economía depende de ciclos climáticos cada vez más impredecibles, una sequía prolongada altera todo: baja el rendimiento de los cultivos, encarece el forraje, debilita al ganado y reduce la captura de especies que requieren condiciones específicas para reproducirse y moverse en esteros y bocanas. Según informó infobae, las comunidades que participaron en este seguimiento advierten que el déficit hídrico ya no es una anomalía aislada, sino una presión que se repite con mayor intensidad y que pone en riesgo la seguridad alimentaria local.
El caso de El Salvador vuelve a poner sobre la mesa una discusión más amplia: la vulnerabilidad climática de Centroamérica y la poca capacidad de amortiguación que tienen sus zonas rurales frente a extremos cada vez más frecuentes. En una región donde muchas familias viven al día, una sequía de semanas no solo significa menos producción; también implica menos ingresos, más endeudamiento y, en muchos casos, migración como salida. La costa salvadoreña, además, concentra comunidades que dependen de recursos naturales frágiles, por lo que cada temporada seca prolongada erosiona un poco más su resiliencia económica y social.
Lo que está ocurriendo en el Estero de Jaltepeque y la Bahía de Jiquilisco funciona como una alerta temprana para el resto del país. Si la tendencia de lluvias erráticas se mantiene, los daños podrían dejar de ser coyunturales y convertirse en estructurales: suelos más degradados, menor productividad y mayor presión sobre sistemas de apoyo que ya operan con márgenes muy estrechos. En otras palabras, la sequía no solo secó la tierra; está revelando cuán expuesta sigue la economía costera salvadoreña al vaivén del clima.


