Colombia

Lalis denuncia amenazas tras respaldar a Iván Cepeda: la campaña se envenena

Hace 1 hora

Lalis, activista y creadora de contenido elegida a la Cámara por Bogotá con el Pacto Histórico, denunció haber recibido amenazas de muerte tras expresar su respaldo a Iván Cepeda. El caso vuelve a mostrar hasta dónde se está degradando el debate político en Colombia.

La congresista electa por Bogotá del Pacto Histórico, conocida en redes como Lalis, denunció haber recibido una llamada intimidatoria con amenazas de muerte luego de manifestar su apoyo al senador Iván Cepeda. La activista y creadora de contenido, que llegó al Congreso en una de las curules de la Cámara por la capital, advirtió que las diferencias ideológicas no pueden cruzar la línea de la violencia, una frase que en Colombia no suena a consigna sino a advertencia urgente.

Según informó infobae colombia, la denuncia de Lalis se produjo en medio de un clima de alta polarización política y de una campaña en la que cada señal de respaldo termina convirtiéndose en combustible para ataques personales. La dirigente señaló además su preocupación por comentarios atribuidos a simpatizantes de Abelardo de la Espriella, lo que pone de nuevo sobre la mesa el papel de las redes sociales y de los discursos de odio en la escalada de intimidaciones. No se trata solo de una molestia aislada: cuando una figura pública electa dice que fue amenazada por expresar una preferencia política, el mensaje que recibe la sociedad es que participar tiene costo y, en algunos casos, riesgo.

El episodio importa más allá del caso individual porque exhibe una falla persistente de la vida pública colombiana: la incapacidad de tramitar la discrepancia sin convertir al contradictor en enemigo. En un país que todavía carga con décadas de violencia política, amenazas contra líderes, candidatos y activistas no son un fenómeno nuevo, pero sí cada vez más amplificado por el ecosistema digital, donde la agresión se normaliza y el control sobre quienes incitan o justifican el hostigamiento suele ser insuficiente. Para el Pacto Histórico, además, el hecho golpea a una de sus figuras emergentes y confirma que la exposición pública de sus voceros no termina en la urna; sigue en la calle, en el teléfono y en la red.

Si algo deja este caso es una lección incómoda para todos los sectores: la democracia no se defiende solo con votos, sino también con límites claros frente a la intimidación. Lalis pidió, en esencia, que la discusión política vuelva al terreno de las ideas. Eso, en Colombia, ya es bastante pedir. Pero si el país acepta que respaldar a un candidato puede costar una amenaza de muerte, entonces el debate dejó de ser democrático hace rato y la discusión pasa a ser otra: quién protege a quienes todavía se atreven a participar.

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