Lamine impulsa a España en una victoria convincente ante una Croacia en declive
Imagen: El País
Lamine Yamal fue el gran nombre de la victoria de España sobre Croacia, en un partido que la Roja dominó de principio a fin y resolvió con autoridad. El equipo de Luis de la Fuente mostró profundidad, control y margen para rotar sin perder el mando.
España volvió a dejar una señal clara de que llega a este torneo con algo más que entusiasmo: tiene juego, oficio y una figura emergente que ya no pide permiso. Lamine Yamal brilló con dos goles en la victoria ante Croacia y encabezó una actuación sólida de la selección de Luis de la Fuente, que controló el partido desde el arranque y terminó imponiéndose con una superioridad que nunca estuvo realmente en discusión.
La Roja se mostró cómoda en casi todos los tramos del encuentro, con una circulación de balón limpia, presión alta y una lectura táctica que desarmó a una Croacia cada vez más limitada físicamente y con menos capacidad para sostener el ritmo. El equipo español no solo encontró profundidad por las bandas y precisión en los metros finales, sino que además pudo administrar esfuerzos y repartir minutos, una buena noticia para un seleccionador que necesita llegar fresco a las fases decisivas del torneo. El doblete de Lamine, además, no fue un destello aislado: condensó la superioridad de un equipo que no dependió de la inspiración puntual, sino de un funcionamiento colectivo que asfixió al rival.
Lo más relevante de esta victoria no es solo el marcador, sino el mensaje que deja. España está mostrando una versión más madura que en ciclos recientes, capaz de combinar talento joven con disciplina competitiva. Y en ese nuevo mapa, Lamine Yamal aparece como un futbolista que puede cambiar partidos por sí solo, pero también integrarse en una estructura que lo potencia. Para De la Fuente, eso significa una ventaja estratégica: puede rotar, puede dosificar y puede pensar en el largo recorrido sin sacrificar rendimiento inmediato. Para el resto del torneo, en cambio, la advertencia es evidente: si España mantiene este nivel de control y además suma desequilibrio arriba, será un rival muy difícil de contener.
En términos más amplios, el triunfo también refuerza la sensación de que el relevo generacional de la selección ya no es una promesa sino una realidad en marcha. Croacia, que durante años supo competir desde la experiencia y el orden, fue esta vez un reflejo de desgaste frente a una España más dinámica, más fresca y con mayor margen de crecimiento. Si algo dejó este partido es que la segunda estrella —la que tantos seguidores españoles siguen esperando— no se gana solo con talento, pero el talento, cuando aparece así de claro, puede ser el punto de partida para creer que el camino esta vez sí es serio.


