Yemen entra en una nueva escalada: el Ejército lanza contraofensiva y alerta a civiles
Imagen: infobae mundo
El Ejército yemení pidió a la población no transitar por la franja entre Taiz, Dhubab y Moca mientras lanza una contraofensiva para recuperar territorio tomado por los hutíes. La advertencia revela una nueva escalada en una guerra que vuelve a golpear a civiles y a tensar el equilibrio regional.
Las Fuerzas Armadas de Yemen activaron una contraofensiva en el oeste del país tras el avance relámpago de los rebeldes hutíes, en una señal de que el conflicto vuelve a moverse sobre terreno volátil y con alto riesgo para la población civil. El Ejército pidió a los habitantes evitar los trayectos entre Taiz, Dhubab y Moca, una franja estratégica donde el gobierno reconocido internacionalmente intenta frenar la expansión insurgente y recuperar posiciones perdidas. La advertencia no es menor: en guerras como la yemení, cuando una carretera se cierra o una zona queda bajo disputa, lo que está en juego no es solo el control militar sino también el acceso a alimentos, combustible y asistencia humanitaria.
Según informó infobae mundo, las autoridades militares difundieron además un mapa con el área que buscan reconquistar al grupo rebelde, una manera de marcar públicamente el perímetro de la ofensiva y al mismo tiempo alertar a la población sobre los riesgos de circular por la zona. El llamado a los civiles sugiere que el enfrentamiento ya no es una amenaza abstracta sino una operación en curso, con posibilidad de combates intensos, desplazamientos forzados y cortes logísticos en corredores que conectan ciudades y puntos clave del litoral. En Yemen, donde la infraestructura quedó devastada por años de guerra, cada avance territorial puede traducirse rápidamente en escasez y aislamiento para comunidades enteras.
El nuevo pulso entre el Gobierno y los hutíes debe leerse dentro de una guerra que, aunque ha pasado por fases de relativa contención, nunca dejó de ser un conflicto abierto por el poder, el territorio y la influencia regional. Los hutíes, respaldados por Irán según sostienen varios gobiernos occidentales y árabes, han mantenido capacidad ofensiva pese a años de bombardeos, frentes fragmentados y acuerdos frágiles. Para el gobierno yemení, cada contraofensiva también es una prueba de supervivencia política: si no logra contener al movimiento rebelde en áreas estratégicas, su margen de maniobra se reduce tanto frente a sus rivales internos como ante sus aliados externos. Y para la población, el resultado inmediato suele ser el mismo de siempre: más miedo, más desplazamiento y menos certezas sobre cuándo llegará el siguiente frente de batalla.
Lo que ocurre en Taiz, Dhubab y Moca tiene además una lectura más amplia para la región. Yemen sigue siendo una pieza sensible en la arquitectura de seguridad del mar Rojo y del golfo de Adén, dos zonas cruciales para el comercio internacional y para la disputa geopolítica entre potencias y actores regionales. Cada escalada en el terreno yemení puede desbordarse fuera de sus fronteras, encarecer rutas, aumentar la presión diplomática y reactivar viejas alarmas sobre una guerra que nunca terminó del todo. En ese contexto, la contraofensiva no solo busca recuperar suelo: también intenta demostrar que el Estado yemení aún conserva capacidad de respuesta en un conflicto que, por años, ha castigado con especial dureza a los civiles.



