El incendio de La Mierla fuerza nuevos desalojos y ya deja 32 pueblos evacuados
Imagen: El País
El incendio forestal en la Sierra Norte de Guadalajara sigue fuera de control y ya ha obligado a evacuar 32 pueblos, con unas 1.200 personas desalojadas. Las llamas han arrasado unas 26.000 hectáreas y mantienen en alerta a toda la zona.
El incendio de La Mierla ha escalado hasta convertirse en una emergencia de gran alcance en la Sierra Norte de Guadalajara: en las últimas horas fueron evacuados 13 municipios más y el número total de personas fuera de sus casas asciende ya a 1.200, mientras el frente principal del fuego continúa sin control. La magnitud del desalojo da cuenta de un fuego que no solo avanza sobre el monte, sino que está reordenando de golpe la vida de decenas de pequeños núcleos rurales, muchos de ellos con población envejecida y recursos limitados para responder a una crisis de esta dimensión.
Según la información difundida por El País, el incendio ha obligado a vaciar 32 pueblos y ya ha afectado unas 26.000 hectáreas, una superficie que expresa mejor que cualquier cifra la velocidad y la intensidad del siniestro. El operativo de emergencia se ha centrado en proteger vidas y evitar que las llamas se acerquen a viviendas, infraestructuras y vías de comunicación, pero la evolución del fuego mantiene en vilo a los equipos desplegados sobre el terreno. La prioridad inmediata sigue siendo contener el avance de un frente que, por ahora, se resiste a ser estabilizado.
Lo que ocurre en La Mierla no es un episodio aislado: forma parte de un patrón cada vez más preocupante en España, donde los grandes incendios llegan antes, duran más y son más difíciles de apagar en un contexto de sequía, temperaturas extremas y acumulación de combustible vegetal. La Sierra Norte de Guadalajara, con su orografía complicada y su baja densidad de población, se vuelve especialmente vulnerable cuando las condiciones meteorológicas se alinean en contra. Y ahí está la clave política y social de esta crisis: cuando el fuego arrasa despoblación, también golpea servicios, economía local y la fragilidad de territorios que ya viven al límite. Para los vecinos evacuados, el drama no termina en dejar la casa atrás; empieza en la incertidumbre de no saber cuándo podrán volver, qué encontrarán al regresar y cuánto tardará en recuperarse un paisaje que sostenía su vida cotidiana y, en muchos casos, su futuro.



