Política

Moción de censura al ministro de Defensa reabre pulso político y favorece al gobierno

Hace 1 hora

La oposición en Colombia vuelve a jugar una carta conocida: la moción de censura. Esta vez apunta al ministro de Defensa tras el bombardeo en Guaviare, pero la jugada podría terminar dándole oxígeno político al gobierno de De La Espriella.

La nueva ofensiva del Pacto Histórico contra el ministro de Defensa confirma que la moción de censura se ha convertido menos en una herramienta de control político y más en un campo de disputa simbólica donde gobierno y oposición miden fuerzas, aunque casi nunca cambian el resultado final. Tras el pulso reciente por el ministro de Vivienda, ahora el foco se mueve al sector defensa por el bombardeo en Guaviare, una operación que reabrió el debate sobre el uso de la fuerza, los límites de la acción militar y la responsabilidad política de los altos funcionarios.

Según informó El Tiempo - Política, la bancada gubernamental y sus aliados estudian apartar del cargo al ministro de Defensa como respuesta a esa operación en una zona donde la presencia de grupos armados ilegales sigue desafiando al Estado. En la práctica, la discusión no solo gira alrededor de un bombardeo concreto, sino de un dilema más amplio: hasta dónde puede llegar un gobierno que promete autoridad territorial sin perder el respaldo de sectores que exigen respeto por los derechos humanos y cautela frente a acciones militares con posibles afectaciones a civiles o menores de edad. Ese equilibrio, siempre frágil, es el que hoy queda expuesto en el Congreso.

Pero la pregunta de fondo es otra: ¿puede esta estrategia realmente sacar al ministro? La experiencia reciente sugiere que no es sencillo. En Colombia, las mociones de censura rara vez prosperan si el gobierno conserva márgenes de negociación y disciplina entre sus bancadas. Y cuando la oposición las usa como mecanismo de presión recurrente, corre el riesgo de desgastarlas hasta volverlas una coreografía predecible. Paradójicamente, esa insistencia puede terminar fortaleciendo al Ejecutivo, que se presenta como blanco de ataques políticos mientras conserva la iniciativa en temas de seguridad y orden público. El gobierno de De La Espriella, si logra resistir este nuevo episodio, podría salir con un mensaje útil: que mantiene control, incluso bajo fuego congresional.

El problema para la oposición es que una moción mal calculada puede producir el efecto contrario al buscado. Si no logra reunir los votos, el debate se cerrará con una imagen de debilidad para quienes impulsan la censura y con una señal de estabilidad para el gabinete. Si, en cambio, consigue abrir grietas reales, el costo político sería alto para un ministro que encarna la estrategia de seguridad del gobierno. En cualquier caso, el episodio vuelve a mostrar que en la política colombiana el Congreso no solo controla ministros: también fabrica relatos, y muchas veces esos relatos pesan más que la destitución misma.

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