Cuba entra en una espiral demográfica: muertes duplican nacimientos y cae la población activa
La crisis demográfica cubana se profundizó en 2025: las muertes duplicaron a los nacimientos y la isla envejece a gran velocidad. El desplome de la fecundidad y la emigración masiva ya están reconfigurando la economía, el territorio y la vida cotidiana.
Cuba cerró 2025 con un golpe demográfico que ya no puede leerse como una tendencia lejana sino como una crisis estructural: las 136.214 defunciones registradas en el año duplicaron con amplitud los 68.064 nacimientos. El dato, revelado por medios estatales y recogido por EFE, confirma que la isla avanza hacia un escenario de envejecimiento acelerado, menor reemplazo generacional y una población cada vez más presionada por la emigración y la caída sostenida de la natalidad.
Las cifras ayudan a dimensionar el problema. La tasa global de fecundidad se mantuvo en 1,29 hijos por mujer por segundo año consecutivo, el nivel más bajo desde 1958, mientras la tasa bruta de reproducción cayó a 0,62, muy lejos del 2,1 necesario para sostener una población sin pérdida natural. A la par, la población efectiva cubana se ubicó en 9.434.593 personas al cierre del año pasado, con 26,7 % de sus habitantes de 60 años o más. En otras palabras, el peso de la vejez ya no es una excepción estadística: es una realidad dominante. El informe citado por Cubadebate, con datos del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadística e Información, también muestra que 74,7 % de la población vive en ciudades, mientras el campo sigue perdiendo peso demográfico.
Pero el problema no es solo cuántos nacen y cuántos mueren. También importa dónde se vacía la isla. La Habana presenta la mayor tasa de decrecimiento, con -43,9 por cada mil habitantes, y concentra casi un tercio de la emigración externa registrada en 2025: 78.537 personas salieron desde la capital dentro de un saldo total que supera las 245.000 salidas. En el extremo opuesto, Guantánamo muestra el menor ritmo de descenso poblacional y lidera la natalidad, aunque esa excepción no alcanza para revertir una dinámica nacional marcada por el estancamiento, el envejecimiento y la pérdida de fuerza laboral. Esa población en edad de trabajar se redujo en más de 1,25 millones de personas en solo cinco años, una caída que compromete la productividad, el consumo interno y la capacidad del Estado para sostener pensiones, salud y cuidados.
La lectura política y social de este panorama es clara: Cuba no enfrenta únicamente un reto estadístico, sino una transformación profunda de su contrato social. Con todas las provincias perdiendo habitantes y las brechas territoriales ampliándose, los especialistas del CEPDE y del Fondo de Población de la ONU advierten que el país necesita políticas públicas adaptadas a una sociedad más envejecida, más dispersa y con menos jóvenes. Si no hay una respuesta de fondo, la crisis demográfica terminará pesando sobre todo lo demás: la economía, los servicios públicos y la posibilidad misma de sostener el futuro del país.




