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Nepal sigue bajo el agua: 734 muertos y más de 3.000 desaparecidos por las inundaciones

Hace 3 horas

Las inundaciones en Nepal ya dejan al menos 734 muertos y más de 3.000 desaparecidos, en una emergencia que sigue agravándose por nuevas lluvias. La crecida del Bhote Koshi obligó a evacuar equipos de rescate y frenó la búsqueda.

La tragedia por la riada en Nepal ya supera un balance de guerra: los equipos de emergencia han recuperado 734 cuerpos en territorio nepalí, mientras la emergencia también dejó 16 muertos en la región autónoma del Tíbet y otros siete en el norte de India. La cifra de personas cuyo paradero sigue sin conocerse asciende a 3.044, un dato que dimensiona no solo la magnitud del desastre, sino también la dificultad de una búsqueda que sigue amenazada por el clima.

Según informó infobae mundo, las labores de rescate tuvieron que ser interrumpidas y en algunos casos los equipos fueron trasladados a zonas seguras por la crecida del río Bhote Koshi, uno de los factores que más está complicando el rastreo en los sectores más golpeados. El riesgo de nuevas precipitaciones mantiene en alerta a las autoridades y a las comunidades locales, que hoy enfrentan una carrera contra el tiempo en terrenos inestables, caminos cortados y márgenes de ríos desbordados. La situación, además, obliga a los rescatistas a elegir entre avanzar o protegerse de una nueva ola de agua que podría volver a arrasar lo ya destruido.

Lo que ocurre en Nepal no es un episodio aislado, sino parte de una tendencia cada vez más visible en el sur de Asia: lluvias extremas, deslizamientos e inundaciones que se combinan con una geografía montañosa y una infraestructura vulnerable. En un país donde gran parte de la población vive cerca de cuencas fluviales y corredores de montaña, una crecida puede convertirse en catástrofe nacional en cuestión de horas. El saldo actual también evidencia la dimensión regional de la emergencia, porque los efectos no se detienen en la frontera nepalí: impactan a Tíbet e India y obligan a coordinación humanitaria entre territorios que comparten cuencas y riesgos. Para la población de a pie, el desastre significa pérdida de familiares, viviendas, cultivos y acceso a rutas básicas, pero también una pregunta más amplia y urgente: cuánto más podrán resistir estas comunidades frente a fenómenos climáticos cada vez más severos.

A medida que persisten las amenazas de lluvia, el desafío inmediato ya no es solo encontrar a los desaparecidos, sino evitar que el balance siga creciendo. En Nepal, la emergencia se mide por cuerpos recuperados, pero también por la incertidumbre de miles de familias que siguen esperando noticias en medio de un paisaje convertido en zona de desastre.

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