Quibdó se inunda otra vez: la lluvia exhibe la fragilidad del alcantarillado
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Las lluvias volvieron a poner en jaque a Quibdó, donde varias horas de aguacero dejaron inundaciones en viviendas y vías. La emergencia expone una fragilidad de fondo: menos del 30% de la ciudad cuenta con cobertura de alcantarillado.
Quibdó volvió a amanecer golpeada por el agua. Tras más de 10 horas de precipitaciones, varias viviendas y tramos viales quedaron inundados en la capital del Chocó, una escena que ya no puede leerse solo como un episodio climático, sino como el reflejo de una ciudad que sigue sin infraestructura suficiente para enfrentar cada temporada de lluvia. La emergencia, reportada por El Tiempo (Colombia), deja otra vez en evidencia la vulnerabilidad cotidiana de miles de familias que viven con el riesgo de perder en minutos lo poco que han construido.
La situación se agrava por un problema estructural que viene de años atrás: según la información disponible, la cobertura del sistema de alcantarillado en Quibdó es inferior al 30 por ciento. Esa cifra explica buena parte de por qué el agua se acumula con tanta facilidad en barrios enteros, colapsa las vías y termina entrando a las casas. No se trata únicamente de lluvias intensas, sino de una ciudad que carece de las redes básicas para drenar el volumen de agua que recibe. En la práctica, cada aguacero fuerte se convierte en una prueba de resistencia para sus habitantes.
El caso de Quibdó vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda pero urgente: la brecha histórica en infraestructura entre las grandes ciudades y regiones como el Pacífico colombiano. Mientras en otros puntos del país las lluvias pueden generar afectaciones puntuales, en Chocó el impacto es recurrente, previsible y, sobre todo, evitable en parte si existieran inversiones sostenidas en alcantarillado, drenaje pluvial y urbanismo básico. Para la gente de a pie, esto no es una estadística; es la pérdida de enseres, el cierre de calles, la interrupción de la movilidad y la exposición constante a enfermedades asociadas con aguas contaminadas.
Lo que pasa en Quibdó importa porque resume una deuda del Estado con una de las regiones más golpeadas por el abandono institucional. Cada temporada invernal revive el mismo patrón: lluvia intensa, anegación, emergencia y promesas de solución. Pero mientras la cobertura de alcantarillado siga por debajo de un nivel mínimo, la ciudad seguirá reaccionando más que previniendo. Y eso, en una capital departamental, no debería ser normal sino inaceptable.



