Segovia: los incendios de Navas de San Antonio y Revenga se estabilizan, pero siguen en alerta
Los incendios de Navas de San Antonio y Revenga, en Segovia, ya están estabilizados, pero siguen bajo vigilancia por el riesgo de reactivación. La mejora del tiempo permitió avanzar en las tareas de extinción, aunque el daño ambiental y las medidas preventivas aún no terminan.
Los incendios forestales declarados en Navas de San Antonio y Revenga, en la provincia de Segovia, han entrado en una fase de estabilización después de varios días de trabajo intenso por parte de los equipos de extinción. Aunque el avance supone un alivio para los vecinos y para el operativo desplegado en la zona, ambos fuegos siguen clasificados con Índice de Gravedad Potencial 1, lo que mantiene activas las labores de vigilancia, consolidación de perímetros y remate de puntos calientes para evitar cualquier rebrote.
El caso más delicado fue el de Navas de San Antonio, que llegó a alcanzar el nivel de gravedad 2 y obligó a evacuar el domingo por la tarde a los habitantes de Los Ángeles de San Rafael y Vegas de Matute. Según informó EFE, los vecinos pudieron volver a sus casas el martes por la mañana, al tiempo que se reabrió la carretera SG-722, la única vía que seguía cerrada, y se desactivó el CECOPI una vez levantadas las medidas extraordinarias de protección civil. La superficie afectada aún no ha sido determinada oficialmente por la Junta de Castilla y León, aunque una estimación cartográfica elaborada por una plataforma especializada la sitúa provisionalmente en torno a 950 hectáreas, una cifra que sigue pendiente de validación por parte del dispositivo oficial.
El incendio de Revenga también muestra una evolución favorable y pasó de estar activo a estabilizado, después de haber alcanzado el nivel IGR 1 durante la emergencia. Pero aquí el problema no se limita a las llamas. La Junta mantiene actuaciones preventivas para impedir que las cenizas acumuladas terminen en el embalse de Revenga si llegan las lluvias. Ese detalle, que puede parecer técnico, es clave: un incendio no termina cuando se apagan sus brasas, porque después llegan la erosión, el arrastre de sedimentos y los efectos sobre el agua, el suelo y la vegetación. En otras palabras, la emergencia se desplaza del frente de fuego al terreno y al ecosistema que queda atrás.
La mejora meteorológica de las últimas jornadas ha sido determinante para que los equipos trabajen con mayor eficacia y reduzcan el riesgo de reproducciones, pero el panorama sigue lejos de cerrarse por completo. En un verano marcado por la tensión recurrente de los incendios forestales en España, este tipo de episodios vuelve a dejar una lección incómoda: la extinción no es solo apagar llamas, sino administrar las consecuencias durante días o incluso semanas. Para los vecinos, la estabilización trae regreso a la normalidad; para las autoridades, apenas marca el inicio de una fase menos visible, pero igual de decisiva, en la que cualquier descuido puede reactivar una crisis que todavía no está del todo superada.




