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Sindicatos franceses escalan la presión con nueva huelga contra el presupuesto de 2027

Hace 2 horas

Los principales sindicatos franceses convocaron una nueva huelga y marchas para el 5 de noviembre contra el plan presupuestario del Gobierno para 2027. Reclaman subidas salariales, mejores pensiones y frenar recortes que, según denuncian, castigan a los más vulnerables.

Los sindicatos más influyentes de Francia han vuelto a poner presión sobre el Ejecutivo: convocaron para el 5 de noviembre una jornada de huelga en los sectores público y privado, acompañada de manifestaciones en todo el país, en rechazo al proyecto presupuestario del Gobierno para 2027. Será la segunda gran movilización sindical en poco más de un mes, después del paro del 29 de septiembre, una señal clara de que el malestar social no se ha desinflado y que la discusión fiscal empieza a convertirse en un pulso político de alto voltaje.

Según informó EFE, entre los convocantes figuran la CGT y la CFDT, esta última la central con más afiliados en Francia. La CGT sostiene que el costo de vida sigue disparado mientras salarios y pensiones permanecen estancados. En su pronunciamiento, los sindicatos denuncian que el Gobierno no solo no corrige esa brecha, sino que la agrava con un presupuesto que, a su juicio, congela prestaciones sociales y recorta el papel protector de la Seguridad Social. Además, exigen aumentos salariales generalizados, una subida de las pensiones y una revalorización real de los funcionarios públicos.

El trasfondo de esta protesta es más amplio que una disputa por cifras contables. Francia atraviesa un momento de tensión entre disciplina fiscal y protección social, una vieja contradicción que en los últimos años se ha intensificado por la inflación, el encarecimiento de la vivienda, la energía y los alimentos. Cuando los sindicatos advierten que el país está “al borde de la recesión”, están leyendo algo más que una coyuntura económica: están alertando sobre el deterioro del poder adquisitivo y el impacto que eso tiene en trabajadores, jubilados y familias de ingresos medios y bajos. Y en un país donde la calle suele pesar tanto como el Parlamento, una movilización sostenida puede obligar al Gobierno a mover piezas o, al menos, a pagar un costo político mayor.

La protesta también se enlaza con otro frente de conflicto: las movilizaciones de estudiantes de secundaria, que la CGT dice respaldar. Ese detalle no es menor. La convergencia entre sindicatos y jóvenes suele ser una combinación especialmente sensible en Francia, porque amplía la protesta más allá de las demandas laborales tradicionales y la conecta con la idea de futuro: educación, empleo, dignidad y movilidad social. Si la jornada del 5 de noviembre logra sumar sectores y mantener el ritmo de presión, el Gobierno francés enfrentará algo más que una huelga: tendrá encima una advertencia sobre el desgaste de un modelo económico que muchos ciudadanos sienten cada vez menos protector y cada vez más lejano de sus necesidades reales.

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