Política

Cabal cierra filas con funcionario de la ANT y desafía la purga anti-Petro

Hace 59 minutos

María Fernanda Cabal salió a blindar a Juan Camilo Cabezas, nuevo funcionario en la Agencia Nacional de Tierras, y rechazó que su pasado en el gobierno Petro lo convierta en un cuadro del petrismo. La disputa revela la tensión interna en la derecha por los nombramientos en entidades clave del Estado.

La senadora y precandidata presidencial María Fernanda Cabal entró a defender públicamente a Juan Camilo Cabezas, hoy vinculado a la Agencia Nacional de Tierras (ANT), en medio de los reparos que distintos sectores del uribismo y la derecha han levantado contra nombramientos de personas que pasaron por el gobierno de Gustavo Petro. Su mensaje buscó cerrar filas alrededor de un funcionario que ha sido cuestionado no solo por su cercanía administrativa con la pasada administración, sino por el ruido político que genera cualquier figura asociada, así sea de manera indirecta, a la Casa de Nariño saliente.

La discusión no es menor. De acuerdo con lo que ha venido planteándose en esos sectores políticos, hay una presión cada vez más fuerte para remover a quienes tuvieron cargos en el gobierno Petro y hoy ocupan posiciones en entidades estratégicas del Estado. En ese clima, Cabal marcó distancia de la lectura más radical y sostuvo que Cabezas no debería ser catalogado como “petrista”, una defensa que también funciona como mensaje interno: no todos los perfiles que trabajaron en la administración anterior son, por definición, militantes del proyecto político derrotado en las urnas. La senadora, además, dejó ver que la discusión no debería centrarse en etiquetas ideológicas sino en capacidades y resultados.

El caso pone sobre la mesa una batalla más amplia por el control simbólico y operativo del Estado después del cambio de gobierno. La Agencia Nacional de Tierras es una de las entidades más sensibles del aparato público por su papel en la política agraria, la adjudicación de tierras y la implementación de compromisos históricos con el campo, un terreno donde confluyen intereses políticos, sociales y económicos de alto voltaje. Por eso, cada nombramiento termina leído como una señal de poder. En la derecha, la lectura predominante es que el petrismo dejó huellas en cargos que ahora deberían ser depurados; pero la respuesta de Cabal sugiere que también hay cálculos políticos de fondo, porque convertir cada hoja de vida con paso por el gobierno anterior en una sospecha automática puede terminar debilitando la gestión estatal más que fortaleciéndola.

El pulso deja ver una paradoja conocida en la política colombiana: mientras algunos exigen una limpieza total de cuadros cercanos al gobierno saliente, otros prefieren administrar la transición con criterios menos ideológicos y más pragmáticos. En la práctica, esa discusión impacta directamente el funcionamiento de instituciones que deben seguir operando sin convertirse en botín de la polarización. Y ahí está el punto de fondo: la pelea no es solo por una persona, sino por quién define la legitimidad de ocupar el Estado después de una alternancia presidencial.

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